Puedes encontrarme también en Twitter

Follow mariapaularomo on Twitter

domingo, 11 de noviembre de 2007

Socialismos del siglo XXI

Foro Internacional Socialismos del siglo XXI, agosto 2007.
Los procesos constituyentes y la democracia en América Latina.
(discurso María Paula Romo)

Lo que algunos expositores han enfatizado en esta tarde es la base de nuestro debate: queremos un socialismo que no tenga miedo de crear, de inventar, de reinventarse… Este es el momento al que asistimos en el Ecuador: estamos frente a la oportunidad de redefinir el rol del Estado y el alcance del término democracia en nuestro país.

Sin fantasmas ni temores, aceptemos que la búsqueda de nuevos contenidos y significados es posible: por supuesto que no estamos hablando de la democracia de Atenas; en esa no eran ciudadanos ni participantes, los extranjeros, ni los esclavos, ni las mujeres.
Tampoco estamos hablando de la democracia de la Revolución Francesa, en la que las mujeres no fueron admitidas en la Asamblea que redactaba la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Olympe de Gouges, la francesa que impulsó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, terminó poco después en la guillotina por haberse atrevido a hacerlo.
¿Cómo podemos entonces resignarnos a las definiciones iniciales de la democracia liberal? ¿Cómo estar conformes frente a la idea de que la democracia son sólo instituciones firmes y elecciones periódicas?: También, también la democracia es eso, pero debe ser mucho más.
En el informe del PNUD sobre el Estado de la democracia en América Latina, 2004, se incorpora por primera vez el examen de oportunidades económicas y niveles de pobreza y desigualdad como indicadores del estado de la democracia en nuestros países. El autor señala que la pregunta clave para nuestra región es ¿cuánta pobreza aguanta la democracia?; coincido con que esa es la pregunta que inspira muchos de los caminos políticos que los países andinos vamos buscando.
América Latina es la región más desigual del mundo, no la más pobre pero sí la más desigual. El mundo en general vive el momento de mayor inequidad de su historia: según las Naciones Unidas, los recursos de los 358 sujetos más ricos del mundo, son iguales a los de 2.300 millones de las personas más pobres. La democracia de la que hablamos hoy es una a la que esa realidad le preocupa y se ocupa de resolverla. La democracia en la que creemos es una que defiende y se sostiene sobre las libertades pero para la que la búsqueda de igualdad es un valor vigente y nuestra apuesta es trabajar por esa igualdad a través de mecanismos democráticos.
Estamos frente a uno de los pocos momentos en la historia de nuestras numerosas constituciones, en que una Asamblea Constituyente se plantea como un mecanismo cuestionador y transformador de la realidad vigente. Es nuestra responsabilidad estar a la altura de este momento.



“Cuando sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas” decía un graffiti en la revolución de París en el 68; así fue, y durante algún tiempo nos dijeron que no valía la pena aventurar nuevas respuestas.
Hoy hemos confirmado que no se acabó la historia; ¡cómo se atrevieron a decirnos que se acabaron las contradicciones y las búsquedas, y la posibilidad de que los seres humanos nos inventemos permanentemente!

“La Constitución es el más jurídico de los documentos políticos y el más político de los documentos jurídicos” dice un tratadista chileno; claro que sí! Debemos construir una constitución para el Ecuador y en la medida de su diversidad, pero el diseño de las instituciones, la ingeniería constitucional se enmarca en un debate político. Para escribir nuestra nueva constitución debemos preguntarnos qué sociedad queremos, qué economía queremos y qué Estado necesitamos para llegar a ellos. Por eso la validez y la necesidad de este debate político, de este debate ideológico y –como dice la invitación de este evento- de un debate sin rumores, sin fantasmas; un debate de argumentos y dispuestos a aprender de los aciertos y los errores históricos.

Por todo eso vale la pena profundizar en el sentido del Socialismo del siglo XXI, debemos debatirlo y dotar de contenido a un término que no puede convertirse en un cliché o un eslogan de campaña. ¿De qué hablamos entonces?: ensayaré unas respuestas, en principio a nombre propio, pero también tratando de expresar los principios políticos que hoy mantienen juntos y esperanzados a muchos de nosotros.

¿Qué es el socialismo del siglo XXI?
1. Radicalmente democrático: No la democracia instrumental de la izquierda ortodoxa; sino la democracia como convicción profunda, como principio de relación y de vida; “democracia en la casa y en la cama” decían las feministas chilenas cuando luchaban contra las dictaduras.
2. El socialismo del siglo XXI, la nueva izquierda, también se caracteriza por pensarse a sí mismo como opción de gobierno y de poder. El proyecto de izquierda no es un proyecto vencido; algunas de sus formas fracasaron, pero la búsqueda de la igualdad y la justicia están hoy más vigentes que nunca; es nuestra tarea la de buscar nuevos caminos para lograrlo.
3. El socialismo del siglo XXI debe rescatar la tradición libertaria de la izquierda. Esto es muy importante, los neoconservadores son tan o más peligrosos que los neoliberales. El socialismo del siglo XXI no coarta las libertades; las busca, construye las condiciones para lograrlas; pero no se confunde: libertad no puede ser una palabra que se use sólo para los capitales y los mercados. Libertad para las personas y las sociedades, libertad para expresarse, para emprender, para desenvolverse; libertad para decidir y construir nuestro presente y futuro.
4. El socialismo del siglo XXI no es un socialismo totalitario, pero es un socialismo organizado. Esa es otra de las grandes preguntas: ¿cómo se organizan hoy los actores políticos?: las mejores respuestas las aprenderemos sobre la marcha, pero debemos tener la voluntad de organizarnos con una lógica de una ciudadanía informada, deliberante, una organización horizontal, no burocrática. Organizaciones políticas en donde sean flexibles las fronteras entre militantes y no militantes. El reto no es unir la izquierda que tenemos, lo verdaderamente urgente es reinventarse la izquierda para que sea capaz de representar y articular los intereses de la gran mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas, aún de los que no son nuestros militantes.
5. El socialismo del siglo XXI no tiene como objetivo la destrucción del mercado sino su domesticación (como dicen algunos autores), su subordinación al objetivo último de garantizar condiciones de vida digna para la población.
El debate no es la oposición Estado – Mercado; el debate es cómo hacer que el estado y el mercado permitan una vida mejor para los seres humanos y las sociedades. Que el estado y el mercado aseguren la conservación y el manejo responsable del medio ambiente.

6. Y, aunque muchos temas se quedan todavía fuera, quiero terminar diciendo que el socialismo del siglo XXI es uno que no olvida que las diferencias económicas y de clase marcan las relaciones de poder; pero esa categoría es insuficiente; por eso el socialismo del siglo XXI es ecologista porque la solidaridad es también con las próximas generaciones; el socialismo del siglo XXI es joven, no por la edad de sus actores sino por su capacidad de cuestionar, de ser parricida, de apostar por ideas refrescantes y reconocer que hoy vivimos en un mundo distinto al de hace 50 años; el socialismo del siglo XXI es un socialismo negro, indio, montubio, andino; el socialismo del siglo XXI tiene respuestas conectadas con la vida cotidiana, está comprometido con las luchas de los pobres, de los excluidos, de los sectores rurales, de la comunidad GLBT; el socialismo del siglo XXI es liberador y feminista; y es nuestra tarea que el socialismo del siglo XXI sea capaz de actuar a su interior con tanta libertad, democracia, solidaridad y tolerancia como la que promulga.