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domingo, 11 de noviembre de 2007

La ‘Tri’, como símbolo

Publicado en Diario Hoy
18/06/2006
María Paula Romo

No deja de sorprenderme la fascinación que los partidos de la selección ecuatoriana de fútbol provocan en todos nosotros; ni hablar de la conmoción por nuestros dos primeros triunfos en el Campeonato Mundial. Y es que ningún otro acontecimiento es motivo de una alegría o un orgullo tan general o poderoso. ¿En qué otro momento podemos ver banderas del Ecuador colgando de las ventanas de las casas, en los edificios, sujetas a los vidrios de los autos, o gente bailando con esas banderas, ondeándolas en las veredas?

Y, sin intención de “aguar” la merecida fiesta; ¿no será que la selección de fútbol, la “Tri”, es el único símbolo que nos queda en el Ecuador?, ¿en el único espacio en el que eventualmente estamos dispuestos a reconocernos?, ¿en el único pretexto válido para rescatar banderas, escudos, colores y todo lo que nos permita sentirnos parte del mismo país?

Que la Selección tenga categoría de “símbolo patrio” no es mi preocupación, todo lo contrario, me hacen falta las otras oportunidades de identidad, de reconocimiento, de encuentro. Me pregunto sobre la ausencia de propuestas y construcciones simbólicas y sobre sus consecuencias. ¿Cómo se hace? No tengo ninguna receta, pero afortunadamente hay quien me recuerda permanentemente que ese es un desafío político: replantearse el país en términos simbólicos, construir y reconstruir –porque es esencialmente dinámica- nuestra identidad individual y colectiva.

Hay símbolos de poder: eso son las paradas militares, las banderas como insignias de guerra y conquista, los grandes monumentos, los uniformes con sus estrellas, las bandas presidenciales, los relatos de la historia. Hay también símbolos contra el poder, por eso en las protestas se queman las banderas del “enemigo” y en las paredes se sigue escribiendo lo que la oficialidad no dice ni recoge; así se explica la alarma del presidente Bush cuando escucha el Himno de los Estados Unidos en español; y el debate que causa Evo Morales al olvidarse de trajes y corbatas para las visitas oficiales. Siguiendo esa misma lógica, el crear otro poder, otras formas de poder, otras relaciones de poder, exige elementalmente la construcción de nuevos símbolos.

De cualquier forma, en el entendido de que el poder y sus relaciones se construyen y se disputan también en lo simbólico, vale la pena celebrar que nuestros héroes de hoy sean negros, que queramos convertir a La Bomba y La Marimba en Himno Nacional, y que el Ecuador gire –aunque sea por unos días- alrededor de Esmeraldas y El Juncal.