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domingo, 11 de noviembre de 2007

Política vieja vs. sociedad joven

Política vieja vs. sociedad joven
Publicado en Ecuador Debate, 2006
Maria Paula Romo

"No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor.
Lo que pasaba era que los que estaban peor,
todavía no se habían dado cuenta"
Quino

En este momento el tema de los jóvenes está en vigencia; podría ser porque sólo ciertos momentos históricos y relaciones económicas hicieron posible la existencia de la categoría “joven”, o –como en este caso- porque para América Latina y el Ecuador la población joven representa, cualitativa y cuantitativamente, un actor social del que no se puede prescindir para ningún análisis.

Ese es entonces el punto de partida de este ensayo: el reconocimiento de que la composición demográfica de nuestro país y nuestro continente nos obliga a dirigir nuestra mirada a “lo juvenil” y explorar nuevas formas de comprenderlo, vivirlo e integrarlo a una sociedad que se caracteriza por sus prácticas de exclusión y prejuicio.

Pero tampoco es suficiente la mirada desde la centralidad con el objetivo de la inclusión de un sector determinado; si, como afirma Ernesto Rodríguez, “las y los jóvenes están infinitamente más y mejor preparados que los adultos para lidiar con la permanencia del cambio y con la centralidad del conocimiento, dos de las principales reglas de juego del mundo del siglo XXI” , entonces también es fundamental comprender el potencial de esa juventud en la transformación que tanto demandamos.

Un Ecuador joven

Al 2006 se calcula que más del 61% de los ecuatorianos y ecuatorianas son menores de 30 años; esta característica “joven” de nuestro país configura una realidad distinta con implicaciones en todas las áreas: desde las características económicas hasta la cultura política. Para algunos de nosotros tener menos de 30 años significa que nacimos cuando la televisión ya era un medio masivo, que ninguno de nosotros vivió la época de mayo del 68 o de la Revolución Cubana, que llegamos luego de la guerra fría. Tener menos de 30 años significa que todos crecimos con el Chavo del 8 y Los Simpsons, que el Twist es música “retro”, que para cuando nacimos Elvis estaba muerto y que no comprendemos cómo era vivir sin celulares o Internet .

Resulta evidente entonces que los jóvenes de hoy no somos los mismos jóvenes de los 70s, pero también es cierto que no podemos romantizar “lo juvenil”; pues también ser joven es un factor de discriminación laboral, y ser uno de los grupos más expuestos a la violencia. Ser joven es estar “invitado” a votar en cada elección pero estar prohibido de participar como candidato para la mitad de los cargos disponibles. Según los datos con los que contamos hoy en día en el Ecuador podemos también decir que el suicidio es la primera causa de muerte entre los adolescentes y que la mayoría de población migrante de los últimos años es población joven.

Si bien la tecnología ha influido y transformado nuestra cotidianeidad, también es cierto que hoy podemos ser testigos –con facilidad y en tiempo real- de las hambrunas, los desastres naturales, las guerras y la injusticia que se comete en cualquier lugar del mundo; y-sólo separado por un corte comercial- presenciar los modelos de éxito como abundancia, despilfarro y excentricidad.

Todos estos factores deben ser considerados cuando pretendemos comprender el carácter de lo “juvenil” y, de su comprobación, nos vemos obligados a reconocer que hay juventudes, no una sola, pues cientos de factores diferencian las características y oportunidades de unas y otras formas de vivir la juventud en el Ecuador de hoy.

Hoy también sabemos que lo joven no puede ser entendido como un mero tránsito en la niñez y las responsabilidades del mundo adulto. Como un paso necesario o un mal momento gracias al cual llegaremos a cumplir los requisitos de la “normalidad” adulta. La juventud es una etapa con pleno sentido en sí misma; un momento de importantes desafíos, de construcción de identidad y de definición de apuestas personales y colectivas. ¿Reconoce esto la política en el Ecuador? ¿Cuáles son las circunstancias en que nuestra sociedad permite las definiciones de esta etapa? ¿Qué proyectos nos ofrece, o permite siquiera, la política?

Lo juvenil lo político

Una de las mayores coincidencias entre lo juvenil y lo político, es el profundo cambio que estos dos conceptos han experimentado en las últimas décadas. La juventud de hoy se parece muy poco a la juventud de los 70s y, con la política sucede lo mismo.

Las claves teóricas con que se ha analizado a “lo juvenil” se transforman y es necesario comprenderlo. Sucede exactamente lo mismo con la política: las categorías teóricas “lo político” ya no son suficientes para explicar o impulsar la realidad política y los desafíos de la realidad contemporánea.

Frente a estas realidades, podríamos afirmar que los actores presentes en el escenario de la política formal ecuatoriana han tenido muy poca o ninguna capacidad para comprender las transformaciones del entorno y sus implicaciones en la gran política y en la cotidianeidad en donde ella se debate: somos testigos de la operación de partidos políticos que no se han replanteado las categorías de interpretación de la realidad de las que partieron hace 25, 30 o 50 años. El mundo parece haber avanzado a una velocidad muy superior a la de las ideas de los políticos de turno y a su voluntad de transformación. En la política ecuatoriana el debate ideológico se sigue planteando en los términos de la guerra fría, la práctica política en términos de un régimen feudal, y el discurso no logra aún liberarse de la perniciosa influencia de don Velasco Ibarra.

A pocos meses de elecciones presidenciales, en circunstancias en que desde hace 10 años ningún gobierno ha terminado su periodo, la política no parece haber aprendido ninguna nueva lección: propuestas, prácticas, caras y discursos no se diferencian de aquellos de hace 25 o 30 años. La gran apatía frente a este proceso democrático se explica fácilmente: las viejas estructuras no han tenido ningún intento serio de renovarse o replantear su actuación política; y las nuevas ofertas son más improvisadas que transformadoras.

De los ocho millones de jóvenes ecuatorianos, dos millones trescientos cincuenta mil son votantes. Un millón de ellos votará por primera vez por Presidente y Diputados. A pesar de ello, la participación electoral no se percibe como el mecanismo de cambio o transformación. Corremos nuevamente el riesgo de ser atrapados en un discurso que construye la representación desde la identidad; anunciando que algunos candidatos representan a la juventud por ser los de menos edad aunque en muchos de los casos sus discursos y prácticas sean conservadoras, personalistas y poco democráticas ; o representen los intereses de las fuerzas fácticas que han (mal) manejado los destinos del Ecuador.

Si a esta constatación de la realidad local le sumamos el hecho de que en el mundo de hoy la política tiene cada vez menos posibilidades de influenciar en las decisiones que definen los destinos de los pueblos (el poder fáctico está cada vez más lejos de los procesos electorales, de las fronteras nacionales o de los mecanismos de control democrático) podemos hablar de una política que se comprende y vive como un asunto ajeno.

Los jóvenes, ¿ciudadanos?

El concepto de ciudadanía es medular para la política en tanto sea asumido como estrategia de empoderamiento de los sectores excluidos, como forma de materializar el derecho a la igualdad ante la ley y el Estado.

La condición de ciudadano o ciudadana significa precisamente la de una persona con plenos derechos. Pero la ciudadanía no es solamente la posición de una persona frente a las instituciones estatales, sino que también implica la relación dinámica entre una persona y instituciones políticas. La ciudadanía implica también un vínculo con la sociedad a la que un individuo pertenece, que se realiza a través del cumplimiento de sus obligaciones y el ejercicio de sus derechos.

A partir de esta noción podemos cuestionar un discurso que desde la política tradicional y sus medios oficiales, olvida la naturaleza ciudadana de los y las jóvenes: presenta las agendas especializadas en temas de juventud como una concesión generosa en lugar de asumirla como una de sus obligaciones puntuales; reproduce y fortalece los estereotipos de los jóvenes como peligrosos y violentos. Tendremos frente a este proceso electoral la oportunidad de comprobar una vez más que en el capítulo “dedicado” a la juventud los candidatos nos muestren sus prejuicios : al referirse a sus ofertas en temas de juventud nos hablarán de infraestructura deportiva, programas de prevención de uso de drogas y programas de seguridad ciudadana (está instalada la idea de que cualquier forma de organización juvenil es delictiva, mirar sino el contexto en que se usa y comprende la idea de “pandilla” o “gallada”).

Reconocer en los hechos la condición ciudadana de las juventudes podría ser un primer paso en la incorporación de esta realidad demográfica en la oferta política. Eso significa concebir políticas públicas que registren la diversidad de las juventudes, que respeten las prácticas conocidas como contraculturas (terminar, por ejemplo, los abusos de la Policía Nacional en cada concierto de Rock), elaborar políticas de educación que contemplen el uso de nuevas tecnologías, plantear políticas de inserción en el mercado laboral y no de precarización del trabajo juvenil, un sistema de salud que incluya la garantía de derechos sexuales y reproductivos, la creación de espacios de recreación y de cultura, y –en general- la incorporación de los y las jóvenes a los espacios de decisión política en lugar de su reclusión en espacios / ghettos / “casas” para la juventud.

La urgencia de que la política reconozca los giros sucedidos en los últimos años, no es sólo un requisito para vincularse con la juventud; más allá de este hecho, la política requiere –en sí misma y para tener la capacidad de ofrecernos un proyecto transformador- un profundo remezón que la obligue a conectarse con la vida de las personas, con sus demandas, sus deseos, sus temores y sus expectativas; de lo contrario, una política vieja no tendrá nada que ofrecernos y los ecuatorianos y ecuatorianas de todas las edades seguiremos confiando más en las calles que en las urnas.


BIBLIOGRAFÍA

MONSIVÁIS CARRILLO, Alejandro. La democracia ajena. Jóvenes, socialización política y constitución de la ciudadanía en Baja California. Centro de Estudios EEUU-México. Universidad de California. Working Paper No. 4/2002. California, 2002

KRAUSKOPF, Dina. Dimensiones críticas en la participación social de las juventudes. En: La Participación Social y Política de los Jóvenes en el Horizonte del Nuevo Siglo. CLACSO, Buenos Aires, 2000.

RODRIGUEZ, Ernesto. Juventud, desarrollo y democracia en América Latina. En: El futuro ya no es como antes. Ser joven en América Latina. Nueva Sociedad. No. 200. Buenos Aires, 2006.