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domingo, 11 de noviembre de 2007

AVC

Publicado en Diario Hoy
11/06/2006
María Paula Romo


Con un evento público emotivo, muy concurrido, un grupo de ex militantes de Alfaro Vive Carajo anunciaron su voluntad de participar en la vida política del Ecuador. No se trata de candidaturas locales ni apoyos presidenciales, solo nos hablaron -acompañados de la fuerza de los tambores y los recuerdos- para decirnos que lo que dejaron hace 15 años fueron las armas y no los ideales. Los alfaros regresan desde una propuesta democrática y pacífica luego de haber cumplido su palabra desde que le dijeron al país que abandonaban la lucha armada. Creemos en esa palabra, en los objetivos de su lucha y en su convicción política, celebramos su apuesta por profundizar la democracia a través de los mecanismos de diálogo, organización y participación que el actual sistema nos ofrece, sin olvidarnos de la necesidad de mejorarlos. Este anuncio público y la decisión de hablar sobre una época relacionada con temores y silencios nos permitirá recuperar la memoria y -a partir de ella- la reconciliación con ese capítulo de nuestra historia. Tengamos entonces la libertad de hablar de ella, escucharnos, establecer responsables y conocer la otra versión de lo sucedido. A pesar de que esta manifestación fue pública, pacífica, democrática, la Policía no ha olvidado todas sus prácticas: patrulló el lugar y hasta intentó persuadir a un grupo de organizadores para desalojarlo; tampoco faltó algún representante de la política violenta que sugirió persecución y reprimenda. Para ellos también la necesidad de reconocer las nuevas circunstancias.

En América Latina muchos grupos que emprendieron la revolución en los setenta han apostado por la participación organizada en democracia; es el caso del M-19 en Colombia o de los Tupamaros en el Uruguay. En estos dos ejemplos su presencia ha tenido sustancial importancia en la construcción social y política del continente. El paso anunciado por Alfaro Vive se inscribe en esta corriente y esperamos que tenga un potencial similar. Su proclama pretendía una amplia convocatoria a un nuevo momento político: “[N]o son suficientes los datos oscuros [para llevarnos] a la política, es que intuimos que hoy la historia nos da una nueva oportunidad a los ciudadanos de esta latitud cero para enrumbarnos en los sueños de la libertad, la igualdad y la fraternidad”. También nos dijeron que “AVC va a humanizar la política” y hacer de ella “una felicidad y no un negocio, ni una lucha de poderes egoístas o de venias ante caudillos y déspotas”, me sumo al deseo de que así sea, cuánta falta nos hace una política más humana, más viva, conectada con las necesidades reales de las personas pero también con sus deseos y frustraciones, con sus dudas y sus búsquedas.