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domingo, 11 de noviembre de 2007

Qué tan lejos

Publicado en Diario Hoy
24/09/2006
María Paula Romo

Qué tan lejos es el título de la película que Tania Hermida estrenó hace algunos días, luego de haber sido premiada en el Festival Cero Latitud y en el Festival de Montreal (por lo pronto). Refrescante: en medio de una idea general de abandono (carreteras, ciudades, hasta el frente de paro está abandonado) resulta sorprendente terminar concluyendo que hay mucho contenido y mucho por descubrir en el Ecuador.

La película nos enfrenta a nosotros mismos: una geografía imponente pero un país que es más que paisaje; una realidad caotizada pero más serena de lo que se espera; y unos personajes que se debaten en nuestros dramas cotidianos: el doble discurso (el que decimos versus el que practicamos), la tensión de estar en contra de todo y no saber aún por dónde comenzar a construir; los prejuicios cargados de temores propios; y la pasión e irracionalidad con la que nos acercamos de igual manera al fútbol, a la política y a nuestras decisiones vitales.

¡Bien por el cine ecuatoriano!, por la oportunidad de reconocernos en los gestos, los “dichos”, los absurdos compartidos. Bien por la apuesta cultural que no olvida que la identidad es dinámica y está en permanente tensión; que se construye a partir del pasado, de las características y la aceptación del presente, pero también con nuestra decisión de futuro.

El futuro debe construirse desde esa identidad, y la identidad desde los espejos que nos permiten reconocernos en nuestro diario vivir. Decía Tania, en uno de sus escritos, que un país sin cine es un país sin espejos en los que mirarse. Parece ser que Qué tan lejos es un empeño suyo por confrontarnos con nuestro reflejo. Ese “careo” nos provoca muchas risas al vernos retratados en las cosas más sencillas, pero también nos exige reconocernos –con dolor- en el prejuicio, el autoritarismo, la indiferencia, la desigualdad o la mojigatería.

Vale la pena entonces mirar la película y a través de ella descubrirnos en el taxista, la vendedora de caramelos, la niña curiosa del autobús, los periodistas zalameros, el hincha, el paro, la pobreza, la fogata de la playa, los motociclistas, las empanadas en Alausí, el paseo por las orillas del Tomebamba. Nos encontraremos también en la música de Héctor Napolitano, Hipatia Balseca o la Rocola Bacalao. Y después de semejante viaje, el regreso nos devuelve irremediablemente hacia nosotros mismos y nuestras propias historias. Si lo público es lo común, lo compartido; el espacio y la oportunidad de encuentro entre distintos; entonces las propuestas culturales y simbólicas son parte de la recuperación y la construcción del sentido de un nosotros que tanta falta nos hace. Solo así tendremos –como el nombre de la productora de la película- Ecuador Para Rato.