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domingo, 11 de noviembre de 2007

Resultado electoral: una gran responsabilidad

Maria Paula Romo
01 octubre 2007

Aunque los resultados oficiales tardarán algunas semanas, el apoyo recibido por Acuerdo Pais supera aún las más optimistas espectativas. No se trata de triunfos personales; es una tesis política la ganadora de este proceso; ganó la esperanza y hoy tenemos todos y todas una gran responsabilidad con el presente y el futuro del Ecuador.

El primer acuerdo de Montecristi

Maria Paula Romo
26 septiembre 2007

El primer acuerdo para Montecristi fue propuesto ayer por el Foro Nacional de la Mujer. Varias candidatas y candidatos fuimos invitados a celebrar un Pacto por los Derechos de las Mujeres.
El evento fue emotivo: en el parque de Montecristi, junto con representantes de organizaciones de mujeres de Manabí y otras provincias cercanas, confirmamos nuestro compromiso por los derechos de las mujeres en la próxima Constitución.
Entre los postulados propuestos por los movimientos de mujeres y respaldados por los candidatos y candidatas presentes:
1. Estado Laico.
2. Democracia con participación y representación de las mujeres.
3. Respeto de los derechos sexuales y reproductivos.
4. Lucha para erradicar el machismo, el sexismo y la homofobia.
5. Búsqueda de la igualdad real.
A pocas horas de terminar la campaña electoral, un buen momento para confirmar nuestros compromisos. Nuevamente el mensaje: vamos a elegir sin fantasmas y sin prejuicios; optimistas y responsables de hacer de esta una oportunidad para todos los ecuatorianos y ecuatorianas.

Campaña: optimismo sin demagogia

Maria Paula Romo
martes 4 de septiembre de 2007

Empezamos la cuarta semana de la campaña hacia la Asamblea Constituyente; aunque nunca hay suficiente información y espacio para el debate, notamos en nuestros recorridos que los ciudadanos están más enterados (la primera semana todavía era una sorpresa la campaña y el inicio del esperado proceso).

Hoy se identifica mejor a los candidatos, los sectores y las propuestas; más personas se han involucrado, los medios trasladan a la ciudadanía muchos temas y preguntas pero también la campaña demagógica confunde. Es común la pregunta ¿usted qué nos va a dar?, y aunque la respuesta “nada” al principio choca, al explicarla nos permite aclarar todavía mejor los límites y potencialidades de la Asamblea Constituyente. Nuestro compromiso es trabajar con honestidad y procurar que la Constitución que organiza el Estado, el poder, y recoge los derechos humanos, responda a la necesidad del presente y el futuro del Ecuador y los ecuatorianos y no un determinado grupo de interés.

No vamos a construir carreteras, ni canchas, no vamos a decidir el precio del arroz ni del pan; no vamos a dar créditos. Nadie en la Asamblea Constituyente puede hacerlo, los que ofrecen estas cosas nos están mintiendo, pretende confundirnos, creen que no podemos comprender el debate actual o no lo comprenden ellos.

Estamos convencidos de que una nueva Constitución puede ser una herramienta para mejorar la vida diaria de los ecuatorianos y ecuatorianas, para responder a las preocupaciones comunes; para manejar de forma eficiente el sector público, para construir un Estado que asuma sus responsabilidades y que intervenga para generar bienestar para la población. Ese es el desafío: decir la verdad, combatir la demagogia y al mismo tiempo transmitir el optimismo de los cambios posibles e imprescindibles.

Socialismos del siglo XXI

Foro Internacional Socialismos del siglo XXI, agosto 2007.
Los procesos constituyentes y la democracia en América Latina.
(discurso María Paula Romo)

Lo que algunos expositores han enfatizado en esta tarde es la base de nuestro debate: queremos un socialismo que no tenga miedo de crear, de inventar, de reinventarse… Este es el momento al que asistimos en el Ecuador: estamos frente a la oportunidad de redefinir el rol del Estado y el alcance del término democracia en nuestro país.

Sin fantasmas ni temores, aceptemos que la búsqueda de nuevos contenidos y significados es posible: por supuesto que no estamos hablando de la democracia de Atenas; en esa no eran ciudadanos ni participantes, los extranjeros, ni los esclavos, ni las mujeres.
Tampoco estamos hablando de la democracia de la Revolución Francesa, en la que las mujeres no fueron admitidas en la Asamblea que redactaba la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Olympe de Gouges, la francesa que impulsó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, terminó poco después en la guillotina por haberse atrevido a hacerlo.
¿Cómo podemos entonces resignarnos a las definiciones iniciales de la democracia liberal? ¿Cómo estar conformes frente a la idea de que la democracia son sólo instituciones firmes y elecciones periódicas?: También, también la democracia es eso, pero debe ser mucho más.
En el informe del PNUD sobre el Estado de la democracia en América Latina, 2004, se incorpora por primera vez el examen de oportunidades económicas y niveles de pobreza y desigualdad como indicadores del estado de la democracia en nuestros países. El autor señala que la pregunta clave para nuestra región es ¿cuánta pobreza aguanta la democracia?; coincido con que esa es la pregunta que inspira muchos de los caminos políticos que los países andinos vamos buscando.
América Latina es la región más desigual del mundo, no la más pobre pero sí la más desigual. El mundo en general vive el momento de mayor inequidad de su historia: según las Naciones Unidas, los recursos de los 358 sujetos más ricos del mundo, son iguales a los de 2.300 millones de las personas más pobres. La democracia de la que hablamos hoy es una a la que esa realidad le preocupa y se ocupa de resolverla. La democracia en la que creemos es una que defiende y se sostiene sobre las libertades pero para la que la búsqueda de igualdad es un valor vigente y nuestra apuesta es trabajar por esa igualdad a través de mecanismos democráticos.
Estamos frente a uno de los pocos momentos en la historia de nuestras numerosas constituciones, en que una Asamblea Constituyente se plantea como un mecanismo cuestionador y transformador de la realidad vigente. Es nuestra responsabilidad estar a la altura de este momento.



“Cuando sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas” decía un graffiti en la revolución de París en el 68; así fue, y durante algún tiempo nos dijeron que no valía la pena aventurar nuevas respuestas.
Hoy hemos confirmado que no se acabó la historia; ¡cómo se atrevieron a decirnos que se acabaron las contradicciones y las búsquedas, y la posibilidad de que los seres humanos nos inventemos permanentemente!

“La Constitución es el más jurídico de los documentos políticos y el más político de los documentos jurídicos” dice un tratadista chileno; claro que sí! Debemos construir una constitución para el Ecuador y en la medida de su diversidad, pero el diseño de las instituciones, la ingeniería constitucional se enmarca en un debate político. Para escribir nuestra nueva constitución debemos preguntarnos qué sociedad queremos, qué economía queremos y qué Estado necesitamos para llegar a ellos. Por eso la validez y la necesidad de este debate político, de este debate ideológico y –como dice la invitación de este evento- de un debate sin rumores, sin fantasmas; un debate de argumentos y dispuestos a aprender de los aciertos y los errores históricos.

Por todo eso vale la pena profundizar en el sentido del Socialismo del siglo XXI, debemos debatirlo y dotar de contenido a un término que no puede convertirse en un cliché o un eslogan de campaña. ¿De qué hablamos entonces?: ensayaré unas respuestas, en principio a nombre propio, pero también tratando de expresar los principios políticos que hoy mantienen juntos y esperanzados a muchos de nosotros.

¿Qué es el socialismo del siglo XXI?
1. Radicalmente democrático: No la democracia instrumental de la izquierda ortodoxa; sino la democracia como convicción profunda, como principio de relación y de vida; “democracia en la casa y en la cama” decían las feministas chilenas cuando luchaban contra las dictaduras.
2. El socialismo del siglo XXI, la nueva izquierda, también se caracteriza por pensarse a sí mismo como opción de gobierno y de poder. El proyecto de izquierda no es un proyecto vencido; algunas de sus formas fracasaron, pero la búsqueda de la igualdad y la justicia están hoy más vigentes que nunca; es nuestra tarea la de buscar nuevos caminos para lograrlo.
3. El socialismo del siglo XXI debe rescatar la tradición libertaria de la izquierda. Esto es muy importante, los neoconservadores son tan o más peligrosos que los neoliberales. El socialismo del siglo XXI no coarta las libertades; las busca, construye las condiciones para lograrlas; pero no se confunde: libertad no puede ser una palabra que se use sólo para los capitales y los mercados. Libertad para las personas y las sociedades, libertad para expresarse, para emprender, para desenvolverse; libertad para decidir y construir nuestro presente y futuro.
4. El socialismo del siglo XXI no es un socialismo totalitario, pero es un socialismo organizado. Esa es otra de las grandes preguntas: ¿cómo se organizan hoy los actores políticos?: las mejores respuestas las aprenderemos sobre la marcha, pero debemos tener la voluntad de organizarnos con una lógica de una ciudadanía informada, deliberante, una organización horizontal, no burocrática. Organizaciones políticas en donde sean flexibles las fronteras entre militantes y no militantes. El reto no es unir la izquierda que tenemos, lo verdaderamente urgente es reinventarse la izquierda para que sea capaz de representar y articular los intereses de la gran mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas, aún de los que no son nuestros militantes.
5. El socialismo del siglo XXI no tiene como objetivo la destrucción del mercado sino su domesticación (como dicen algunos autores), su subordinación al objetivo último de garantizar condiciones de vida digna para la población.
El debate no es la oposición Estado – Mercado; el debate es cómo hacer que el estado y el mercado permitan una vida mejor para los seres humanos y las sociedades. Que el estado y el mercado aseguren la conservación y el manejo responsable del medio ambiente.

6. Y, aunque muchos temas se quedan todavía fuera, quiero terminar diciendo que el socialismo del siglo XXI es uno que no olvida que las diferencias económicas y de clase marcan las relaciones de poder; pero esa categoría es insuficiente; por eso el socialismo del siglo XXI es ecologista porque la solidaridad es también con las próximas generaciones; el socialismo del siglo XXI es joven, no por la edad de sus actores sino por su capacidad de cuestionar, de ser parricida, de apostar por ideas refrescantes y reconocer que hoy vivimos en un mundo distinto al de hace 50 años; el socialismo del siglo XXI es un socialismo negro, indio, montubio, andino; el socialismo del siglo XXI tiene respuestas conectadas con la vida cotidiana, está comprometido con las luchas de los pobres, de los excluidos, de los sectores rurales, de la comunidad GLBT; el socialismo del siglo XXI es liberador y feminista; y es nuestra tarea que el socialismo del siglo XXI sea capaz de actuar a su interior con tanta libertad, democracia, solidaridad y tolerancia como la que promulga.

Hasta pronto

Publicado en Diario Hoy
17/06/2007
María Paula Romo

Hace más de un año y medio recibí la invitación de Diario HOY para escribir esta columna todos los domingos. En medio de la actividad política de un grupo de compañeros jóvenes y soñadores, la Ruptura 25; frente al desafío de demostrar y demostrarnos que la política se debía hacer desde muchos frentes pero que exigía un cambio profundo; acepté la invitación.

Al haberme mantenido durante este tiempo en la actividad política, esta columna me permitió mirar al menos dos lados de esta relación entre política y opinión pública, entre poder y prensa. He llegado a la conclusión de que nada más sano que una tensa relación entre ambos: la prensa no puede callar, pero la vida pública y política no significa una autorización para irrumpir en la privacidad de un individuo; la prensa no debe dejar de mirar los errores ni de cuestionar al poder, pero tampoco puede dedicarse al escándalo y perder la vista de los grandes temas de fondo.

De otro lado, la política debe agradecer esa crítica permanente, esa mirada que examina; las opiniones de los otros pueden obedecer a distintas percepciones, posiciones, intereses, eso es lo que nos caracteriza como personas (no creo en la neutralidad total y no me parece deseable); esas opiniones, entonces, ameritan todo el respeto y dependiendo de donde vengan incluso deben llevarnos a una sana autocrítica. De cualquier manera, generadores de opinión y políticos debemos recordar permanentemente nuestra humanidad: la posibilidad de equivocarse muchas veces, los límites de nuestro accionar y definitivamente ni los unos ni los otros podemos sentenciar a una persona, un proceso, el comienzo o fin de una era.

No puedo dejar de decir que este espacio fue de irrestricto respeto a mis ideas y posiciones. Aunque algunas veces el contenido de mis artículos fuera polémico, nunca nadie me sugirió siquiera bajar el tono. Fueron más bien las cartas de unos pocos lectores las que en ciertos casos me hacían pensar en que tanto como un defensor del Lector, se necesita uno del articulista…, finalmente también me acostumbré a que es parte de los gajes del oficio.

Voy a extrañar los apuros de los viernes; las semanas en que me sobran temas y quisiera tener una página entera y también esas en que escribir sobre cualquier cosa parece llover sobre mojado.

El viernes se inscribió mi candidatura para la Asamblea Constituyente, así que esta es una despedida o por lo menos un hasta luego por el tiempo que dure la campaña electoral.

Las opiniones y las críticas, más todavía si vienen de medios serios y “no alineados”, ayudan a no perder el rumbo, nos recuerdan permanentemente a los políticos nuestras tareas, así que pasaré a convertirme en lectora por esta época. ¡Hasta pronto!

¿Se resuelve?

Publicado en Diario Hoy
10/06/2007
María Paula Romo

El acuerdo ministerial 166, dictado por el Ministerio de Educación y Cultura en días anteriores, ha levantado gran polémica. Para mí el tema plantea la pregunta sobre qué cosas se resuelven a través de la legislación y las normas y cuáles funcionan a partir de otras lógicas (lo que, por supuesto, nos lleva a preguntarnos cuál es el papel del Estado y cuándo se está excediendo en sus funciones).
El acuerdo ministerial 166 se refiere en su mayor parte a transformar las “bandas de guerra” de las escuelas y colegios en “bandas de música” o “bandas folclóricas”; pero uno de sus artículos (el 5), pretende eliminar los concursos de belleza en las unidades educativas. Esta parte del acuerdo, literalmente, dice: “Recomendar la eliminación progresiva de la elección de reinas, princesitas de navidad y otras dignidades que basen su designación en la belleza física y/o la recaudación de recursos económicos (…)”.

Varios noticieros y generadores de opinión criticaron esta como una medida inútil o como un tema menor; en pequeños sondeos de ciertos medios, pocas personas parecían estar de acuerdo con la medida. A mí, personalmente, me pareció adecuada. Yo considero los concursos de belleza como reproductores de un estereotipo y de un rol específico para las mujeres: su presencia casi ornamental en el mundo de lo público (me escandalizan las “mesas directivas” llenas de autoridades, hombres y la “reina”); pero a más del hecho de poner a concursar a mujeres y competir entre ellas por cuál es más bella; aquello de nombrarlas “reinas” y ponerles “coronas” dice mucho sobre una mentalidad de Colonia y súbditos que por mucha celebración, hora cívica, discurso de la independencia, cima de la libertad; no logramos sacar de nuestro imaginario.

Si un barrio, asociación, sindicato, club de fútbol quiere continuar con esa práctica, está en todo su derecho (en realidad se ven concursos bastante más raros por todo lado); pero que una institución educativa pretenda la “eliminación progresiva” de este tipo de prácticas cabe perfectamente como una directriz que procure imprimir perspectiva de género en la educación. Seguro será insuficiente si las medidas no son integrales; ahora habrá que vigilar el comportamiento en general del Gobierno sobre este tema: ¿fondos públicos para certámenes de belleza?:

Definitivamente no puede ser una prioridad pública (si a alguien le suena extraño solo basta recordar el célebre fracaso de la señora Baki o preguntarnos sobre el auspicio y los gastos que en este tipo de eventos tiene el Municipio de Quito). Cambiar el imaginario es mucho más difícil que cambiar las leyes y los reglamentos, de cualquier manera hay medidas que nos ayudan a hacerlo. La pedagogía de la práctica, del ejemplo, es mucho más poderosa que la de la memoria, la repetición, la teoría.

Más propuestas…

Publicado en Diario Hoy
03/06/2007
María Paula Romo

En la tarea encargada a la Comisión del Conesup, de preparar una propuesta de Constitución, he tenido el privilegio de recibir, revisar, discutir cientos de propuestas de las más diversas. Esta semana, durante una entrevista radial en Riobamba, un periodista hacía referencia a lo que él consideraba algunas propuestas descabelladas: requisitos de formación académica de cuarto nivel para todos los candidatos; pena de muerte o cadena perpetua para castigar ciertos delitos; organización federal del Estado y otras de este tipo.

En realidad existen estas y otras propuestas extremas; insistía yo con el periodista que es tarea –no solo de la Comisión– sino de quienes pretendan ser candidatos y, naturalmente, de quienes sean Asambleístas el poder leer incluso más allá de lo que está escrito en las propuestas. Títulos de cuarto nivel para ser candidato… no es cierto que la calidad de la representación o gestión política esté directamente relacionada con la formación universitaria (de hecho hemos tenido ejemplos de prestigiosos graduados o el ejemplo del presidente Lula cuya formación es de bachiller), pero lo que los ciudadanos están exigiendo con esa propuesta no es que todo el Congreso esté lleno de “PhDs”; lo que están expresando es su hartazgo de que los partidos tradicionales pongan entre sus filas a famosos sin propuestas o a preparados sin poder de deliberar; están (estamos) cansados de la pantomima de ir a votar (además con voto personalizado / personalista) para que de todas formas la decisión la tome el dueño del celular que ni siquiera aparece en las listas. Cadena perpetua o pena de muerte: imposible; en un país en donde la justicia no funciona bien y cuando responde lo hace con lentitud, es una locura insistir con endurecer penas o peor todavía –por principio y porque nos hemos comprometido a través de tratados y convenios internacionales– la posibilidad de incluir la pena de muerte (sobra decir que adicionalmente es un tema de reforma al Código Penal, no a la Constitución). Pero lo que debemos leer entre líneas en esta propuesta es un Ecuador que no quiere seguir siendo el reino de la impunidad. Necesitamos un país y un sistema penal que no castigue solo a los que no tienen dinero ni para garantizar su defensa.

Sobre la organización del Estado existe todo tipo de propuestas; van desde cambiar el nombre de las provincias, sumarlas y convertirlas en regiones; dibujar un mapa trazando líneas entre las capitales, etc. Este, como los otros temas, nos exigen mirar la legítima demanda de transformar un Ecuador de tan profunda inequidad que nuestra educación, acceso a salud, o hasta el precio de la energía eléctrica depende del lugar en que nacemos o vivimos.

¿Autónomos?

Publicado en Diario Hoy
27/05/2007
María Paula Romo

En el trabajo en la Comisión especial del CONESUP, encargada de redactar un proyecto de nueva Constitución, he tenido la oportunidad de verificar con mucha mayor precisión algo que venimos afirmando desde hace tiempo: el solo tema de la organización del Estado ya es argumento suficiente para la realización de una Constituyente. Y no me refiero exclusivamente a la organización político-administrativa del Estado en relación a su territorio; sino también a los diferentes órganos del poder; las empresas estatales; los famosos “organismos de desarrollo regional” y una lista que podría ser interminable sobre aquellas partes del todo que es (debería ser) el Estado ecuatoriano que han decidido interpretar autonomía según su mejor versión.

Autonomía, para ciertas empresas públicas se ha interpretado como no estar obligados a rendir cuentas a nadie. La autonomía financiera, administrativa, de gestión, que tienen como objetivo la eficiencia de su funcionamiento, se ha confundido a tal nivel que no permite la intervención de Contraloría, reclaman la distribución de “utilidades”; no obedecen la Ley Orgánica de Transparencia, o firman contratos colectivos que resultan una afrenta en un país de desigualdad y pobreza que es el dueño de esas empresas. Los organismos de desarrollo regional son otro tema a poner en discusión. En su momento, fueron creados para la ejecución de obras interprovinciales y la planificación del desarrollo regional; hoy, la mayoría de ellos se ha convertido en una especie de gobierno seccional paralelo: no coordinan con las autoridades locales (estas sí electas por la población, identificables, sujetas a la evaluación pública y la responsabilidad política sobre sus actos u omisiones), manejan un presupuesto que en muchos casos supera al presupuesto de las provincias y no han mostrado los resultados esperados. En el tema de la organización político administrativa, tenemos de todo: ejemplos dignos de reconocimiento para los que autonomía ha significado asumir responsabilidades respecto del bienestar de su población: Cotacachi y Oña se han declarado cantones libres de analfabetismo sin que hoy la educación les corresponda a los Municipios; juntas parroquiales que –sin tener facultades de ejecución– han logrado gran eficiencia en manejo directo de proyectos; Consejos Provinciales que se han ganado el derecho a llamarse “Gobierno de la Provincia” (me refiero al caso de Tungurahua); mientras para otros autonomía significa escoger “a la carta” temas de su interés o conveniencia.

Según la Constitución vigente, hoy en día el Ecuador tiene más de 1 000 (sí, ¡mil!) gobiernos seccionales autónomos; el debate es entonces qué competencias le corresponden a cada uno, quién controla a quién y como eso se articula en un proyecto nacional.

Los límites

Publicado en Diario Hoy
20/05/2007
María Paula Romo

Esta semana se ha caracterizado por el debate ocasionado a partir de la denuncia de Rafael Correa a diario La Hora por una afirmación que el Presidente consideró no solo inexacta, sino inaceptable para su Gobierno.

Como acostumbramos; el debate se ha personalizado y la lectura ha sido maniquea. Que si es bueno o malo, atenta contra la libertad de prensa o no, y respuestas de solidaridad con unos y otros como si todos los asuntos nos obligaran a tomar bandos (las circunstancias, los temas, claro que exigen que tomemos posiciones; pero no tienen porque ser ni intransigibles, ni de alineamientos personales).

El tema en cuestión: los límites entre la libertad de prensa e información y el derecho de un ciudadano o un Gobierno a solicitar la intervención judicial; me ponen en un conflicto, pues pretendo mirarlo de ambos lados. Desde hace más de un año mantengo esta columna y cada vez que la escribo estoy consciente de que su contenido genera reacciones y puede traer consecuencias incluso jurídicas (conocemos de casos recientes que lo atestiguan, más todavía cuando el contenido critica o se refiere a personajes políticos). Es más, la sola molestia de ciertos lectores con algunas de mis opiniones han provocado el envío (y la publicación) de cartas cuyos adjetivos habrían calzado bastante bien en lo que se conoce como injuria calumniosa grave. Esos son los “gajes del oficio”: la libertad de prensa y opinión prohíbe la censura previa pero también (según la Constitución y la Convención Americana de Derechos Humanos) implica la responsabilidad ulterior por las opiniones emitidas.

Del otro lado, hace casi tres años, hago política públicamente; eso significa que la prensa y algunos periodistas, en más de una ocasión, han publicado o expresado opiniones mal intencionadas, falsas, ofensivas y que perfectamente justificaban una denuncia. Nunca me he atrevido a hacerla. La prensa, no es un enemigo deseable. Tener la verdad o que un juez falle a favor de mi argumento sería lo de menos frente al espacio en que determinado periodista podría dedicar sus energías a descalificarme. Mi decisión ha sido aceptar la desigualdad de condiciones y confiar en que mis actos desmientan las insinuaciones y las mentiras.

Hoy el presidente ha decidido emprender una acción judicial. El juez deberá decidir, apegado al derecho, en un caso en que no podrá satisfacer a todos. No importa, no es ese su deber. No convirtamos la discusión en un asunto de Estado y “ofensa pública”; pero tampoco en una evidencia de “persecución” o “autoritarismo”. Es sana la tensión entre prensa y política, lo grave sería una prensa cómplice; sin embargo, la falta de oposición inteligente tampoco puede tentar a la prensa a ocupar ese papel.

Propuestas...

Publicado en Diario Hoy
13/05/2007
María Paula Romo

El sábado 5 de mayo se cumplió el plazo establecido por la Comisión del Conesup que está elaborando una propuesta a ser presentada en la Asamblea Constituyente. Como parte de esa Comisión he tenido la suerte de tener de primera mano todas las propuestas y, además, de haberlas revisado casi en su totalidad (me faltan las de los últimos dos días en que a todos nos “agarró el apuro” y se presentaron muchísimas nuevas).

A menudo me preguntan cuál es la propuesta más común; ¡imposible de contestar! Las propuestas van desde las ideas más sencillas, los correos de un párrafo; hasta libros completos, estudios profundos o un pequeño cuaderno escrito a mano de principio a fin (con un seudónimo) que me enviaron personalmente la semana pasada.

No solo han participado los sectores más entusiastas con el proyecto de una Asamblea Constituyente, sino que muchos de aquellos que se mostraban reticentes o incluso contrarios a esta posibilidad han decidido –frente a la certeza de su realización–, incorporarse al debate de los temas de fondo y han enviado sus propuestas a la Comisión.

De entre todas las propuestas, la prensa ha resaltado las más curiosas: las escritas a mano, las audaces, las más autoritarias (porque las hay; síntoma que amerita mayor discusión), pero vale la pena resaltar el interés y la vehemencia de la ciudadanía en ser parte de este proceso.

Hemos recibido y revisado las propuestas de distintos Consejos Provinciales y la del Concope; las de representantes de los pueblos afroecuatorianos y montubios; las Cámaras de Comercio e Industrias de diferentes ciudades; las de organizaciones de mujeres, grupos ambientalistas, barrios, dirigentes de las Juntas Parroquiales Rurales, abogados y constitucionalistas, universidades, movimientos políticos, estudiantes, el Foro de la Niñez, etc., etc.

Ninguno de estos hechos aseguran que el resultado final (del trabajo de la Comisión, peor todavía el de la Asamblea) integre lo mejor de todo lo propuesto; tampoco garantizan que un nuevo texto mejore o supere al anterior. Todo esto –el resultado final– está todavía en juego y lo estará hasta el referéndum previsto según la convocatoria a la Asamblea. Lo que sí podemos asegurar es que existen y se evidencian las condiciones (interés en la participación, grandes expectativas, un inmenso apoyo e identificación con la tesis de una Asamblea como salida democrática a este bloqueo) para que este sea un momento de gran oportunidad. Las propuestas son insumos, vamos ahora a verificar nuestra voluntad –la de todos– de conciliar y construir, el compromiso con el país incluso para quienes significa olvidar sus privilegios. La tarea apenas empieza; seamos radicalmente democráticos para seguir caminando.

El otro Ecuador

Publicado en Diario Hoy
06/05/2007
María Paula Romo

La frase que identifica al Foro Social Mundial de que “otro mundo es posible” que algunos transforman –con razón– a “otro mundo es indispensable”, no es una expectativa de futuro; es una realidad que para ser percibida exige que apaguemos la televisión y cambiemos el gran escenario de la política nacional para enfocarnos por un minuto en las iniciativas públicas y privadas que, en pequeña y mediana escala, se dan en el mismo Ecuador y que a veces las primeras planas de los diarios nos muestran como si estuviera cayéndose a pedazos.

Esta semana tuve la suerte y el privilegio de conocer dos de estos ejemplos que nos devuelven a ese otro Ecuador paralelo al de las disputas políticas; el que sigue creciendo, innovando, desarrollándose, no sólo sin el apoyo y las condiciones que el Estado debería prestarle, sino a pesar de ellas. El uno es el caso de la Junta Parroquial de Santa Teresita en Espíndola –Loja–; una pequeña comunidad, instalada en la accidentada geografía lojana y que con la tenacidad y el esfuerzo de quienes viven en la zona han conseguido rehabilitar un canal de riego que llevaba casi 17 años sin funcionar, y (con el mismo trabajo comunitario y el apoyo de Prolocal) han ampliado la cobertura de riego llevándola a través de una zona montañosa capaz de desanimar hasta al más optimista. Hoy la Junta Parroquial y la Junta de Regantes (o de aguas) funcionan unidas y coordinadas por el mismo grupo de personas. Conmueve escuchar las hazañas que han debido realizar, pero reconforta saber que fueron capaces de ejecutar, desde la comunidad y con su supervisión, un proyecto de cerca de $400 000 que hoy permite que cientos de familias puedan sembrar sus tierras y pensar que vivir en el campo aún es posible.

El otro caso es el de la Federación Regional de Asociaciones de Pequeños Cafetaleros Ecológicos del Sur (Fapecafes). Se trata de una Federación en la que los pequeños productores y sus familias no solo siembran y procesan café de primera calidad –y con sello oficial de comercio justo–, sino que son también los encargados de exportarlo (lo hicieron con más de 13 000 quintales el año pasado y esperan llegar a 40 000 este año). Lo más sorprendente es que solo el 15% de sus exportaciones son hacia EEUU, el resto va a países de Europa; ¿quién dijo que nuestra única opción era el mercado de EEUU? (mientras escuchaba su exposición me preguntaba ¿por qué no estuvieron debatiendo con el primer equipo negociador del TLC?).

Este es el otro Ecuador posible, indispensable, pero también presente. Es desde Ecuador que tenemos el desafío y la responsabilidad de construir, frente a aquel que se televisa y que cuenta la historia “oficial”. Desde este Ecuador, sus héroes y heroínas cotidianas podemos recuperar la esperanza.

¿Legalidad vs. Legitimidad?

Publicado en Diario Hoy
29/04/2007
María Paula Romo

En una de mis primeras clases de Derecho en la Universidad (cuando todavía creía que la relación entre ley y justicia era directa ¡qué inocencia!), me repetían que no es suficiente escribir una ley y que sea aprobada con los votos necesarios según la Constitución; me explicaban también que la ley debe contar con legitimidad para ser efectiva. Teníamos que hacer deberes explicando la relación; eran más o menos así: una ley que nos obligue a todos a manejar por la izquierda no sería racional, sería el caos total; o, por ejemplo, a estas alturas una ley que regule la forma de vestirse de las personas (como cuando Bucaram decidió prohibir minifaldas en sus tareas de intendente del Guayas) no solo sería ridícula y anacrónica sino que no sería respetada ni apoyada por nadie.
Entendí en ese entonces que no se trataba de escoger entre legalidad y legitimidad; que se trataba de conjugarlas, de que sean consecuentes y estén relacionadas entre sí; de lograr la aplicación y el cumplimiento de una ley o una resolución precisamente porque los ciudadanos consideraban ese comportamiento adecuado y la infracción de la ley era un acontecimiento marginal que entonces podía ser susceptible de sanción.

He recordado estas historias porque desde diferentes sectores se empieza a levantar un discurso que pretende que debemos escoger entre la una o la otra: unos desconocen totalmente la legalidad (ley, sentencias, resoluciones) y afirman que la legitimidad es lo único que interesa (habitualmente se atribuyen también la condición de decidir lo que para la mayoría es legítimo). Por otro lado, hay quienes se han convertido en unos defensores a ultranza de la legalidad (los mismos que todos los días hacen contratos de compra-venta con precios falsos porque las tarifas notariales y los impuestos municipales son exagerados; o que ejercen la profesión de abogados y sugieren simular un contrato antes de hacer una donación para evitar el impuesto; o aquellos que legislaron sobre la detención en firme cuando era atentatoria contra la Convención Americana de Derechos Humanos y la propia Constitución). Todo esto solo para decir que legalidad versus legitimidad es un falso dilema. El ordenamiento jurídico debe ser legitimado para que la sociedad sienta que es un acuerdo del que formó parte. Las decisiones de los jueces tienen poco sentido si no se miran a la luz de lo razonable, y hay lugar para dudar sobre su intencionalidad. El debate solo argumenta sobre la necesidad de un nuevo acuerdo político (la Constitución) y políticos que debatan y se opongan con inteligencia, en lugar de fugar en avión privado.

El 81,72%

Publicado en Diario Hoy
22/04/2007
María Paula Romo

Los resultados de la consulta popular realizada el domingo 15 de abril fueron concluyentes; el proyecto de instalar una Asamblea Constituyente tiene el mayor respaldo que una consulta democrática sobre cualquier tema haya tenido en nuestra historia reciente.

Me atrevo a afirmar que ni las expectativas más optimistas (entre las que me cuento) preveían un triunfo tan contundente. Es sin duda un porcentaje superior al de las encuestas, al que obtuvo el presidente Correa en la segunda vuelta electoral e incluso a sus altas cifras de popularidad. Seguramente el resultado de la consulta puede prestarse a muchas interpretaciones (o pura especulación). Me atrevo a hacer algunas:

El resultado de la consulta popular niega la tesis de que la convocatoria a la Asamblea Constituyente es un proyecto o una iniciativa de Rafael Correa; el inmenso margen entre el “Sí” y el “No” nos permitiría afirmar que la Asamblea se ha venido convirtiendo en un proyecto del Ecuador y los ecuatorianos (o al menos de la inmensa mayoría). En este punto habrá que ser muy cautos; expectativas desmedidas sobre los resultados inmediatos de la Asamblea Constituyente pueden crear grandes decepciones: una nueva y mejor Constitución –si bien imprescindible- no resolverá los problemas urgentes de la población ni aquellos de su vida cotidiana; pero es innegable que en el mediado plazo es una de las herramientas democráticas para lograrlo.

Nueva especulación: el 81,72% de ecuatorianos, que respondió “Sí”, en realidad quería decir “No” a los líderes y los políticos tradicionales y al manejo del sistema. Tal vez la lectura correcta es el “No” al bloqueo y la discusión bizantina del Congreso Nacional durante los últimos tres meses. El “No” a una historia reciente de un Estado manejado para el beneficio de unos pocos, generando ciudadanías de primera, de segunda, de tercera…

Posible lectura: el apabullante resultado del domingo significa que los ecuatorianos tenemos mejor memoria y que, con experiencias –unas más traumáticas que otras- somos más difíciles de engañar. Vale la pena entonces recordar que este viernes fue 20 de abril, y que en una fecha como esta, hace dos años, una persona disparaba a los ciudadanos desde una ventana del Ministerio de Bienestar Social. Por eso resulta escandaloso que a pocos días de semejante aniversario el mismo sujeto sea la voz “autorizada” para rescatar para sí el triunfo del “Sí”, la participación ciudadana y ¡las lecciones de moral!

En fin, lo único cierto del resultado de casi el 82% de los votantes pronunciándose por el “Sí”, es que la Asamblea es un hecho inminente, basta de discursos de terror, y vamos por el debate de fondo.

Los principios

Publicado en Diario Hoy
15/04/2007
María Paula Romo

Al final del día de hoy, o en unas pocas horas, superaremos el debate sobre la convocatoria o no a la asamblea constituyente. Solo una resolución definitiva al respecto, nos pondrá realmente a debatir sobre los contenidos de un nuevo texto constitucional.

El primer tema en discusión será entonces aquel sobre los principios. En los medios de comunicación algunos comentaristas han dicho que los principios de la Constitución o su parte filosófica es “puro bla, bla”. En realidad me parece todo lo contrario; la declaración de principios en una Constitución (lo que en la Constitución vigente se concentra en el artículo 1) es precisamente la que permitirá el desarrollo de sus instituciones y el ordenamiento jurídico nacional. También son esos principios, los que permitirán lo que en el Derecho Constitucional se conoce como interpretación global. Los fundamentos filosóficos de la Constitución son aquellos que hacen posible la decisión sobre temas no previstos, por los legisladores o los jueces constitucionales.

¿Cuáles entonces deberían ser esos principios? Hoy la Constitución Política del Ecuador define a nuestro país como “un estado social de derecho, soberano, unitario, independiente, democrático, pluricultural y multiétnico”. Los temas de forma de gobierno, la soberanía y sus expresiones serán motivo de otro análisis; pero sólo con la primera línea podemos comprender lo esencial de los principios de la Carta Suprema del Estado.

Según la Corte Constitucional Colombiana, Estado Social de Derecho, debe definirse de la siguiente forma: “Lo primero que deber ser advertido es que el término ‘social’ ahora agregado a la clásica fórmula del Estado de Derecho, no deber ser entendido como una simple muletilla retórica que proporciona un elegante toque de filantropía a la tradicional del derecho y del Estado. Una larga historia de transformaciones institucionales en las principales democracias constitucionales del mundo, está presente para dar testimonio de la trascendencia de este concepto” (...) “Estos cambios han producido en el derecho no sólo una transformación cuantitativa debido al aumento de la creación jurídica, sino también un cambio cualitativo debido al surgimiento de una nueva manera de interpretar el derecho, cuyo concepto clase puede ser resumido de la siguiente manera: pérdida de la importancia sacramental del texto legal entendido como emanación de la voluntad popular y mayor preocupación por la justicia material y por el logro de soluciones que consulten la especificidad de los hechos”

Esa sola frase entonces, definiría ya con claridad algunos de los roles irrenunciables del Estado. Vamos a empezar una discusión cuidadosa y responsable; cada una de las palabras que se incluyan en un nuevo texto de Constitución tendrán un significado sustancial.

¿Por qué ‘Sí’?

Publicado en Diario Hoy
08/04/2007
María Paula Romo

Una vez conocidas las resoluciones del Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura, el camino hacia la consulta popular se mira despejado. Los próximos días se caracterizarán por las campañas alrededor del “Sí” o “No” a la consulta popular y, por lo tanto, a la instalación de una asamblea constituyente.

Más allá de la relación que tienen las consultas (que comúnmente se convierten en medidas de aceptación o no del presidente) esta es una decisión trascendental para la democracia ecuatoriana y tenemos la responsabilidad de sostener un debate de argumentos; sin fantasmas, sin prejuicios, sin generar expectativas desmedidas pero tampoco temores infundados.

Por eso me permitiré argumentar por qué votaré “Sí” en la próxima consulta popular y espero alimentar la discusión:

Porque no me preocupa el cambio; lo busco y lo anhelo. Me resulta imposible creer que con un poco de sensibilidad alguien sea capaz de sostener que en nuestro país las cosas deben mantenerse como están. Hay algunos que argumentan que otros países “civilizados” solo tienen una Constitución; si nosotros mantuviéramos la de 1830, solo podrían votar “los varones alfabetos, casados de cualquier edad o solteros mayores de 22 años, que tienen bienes raíces valoradas en 300 o más pesos o poseen una profesión no servil, médico, abogado, sacerdote)”. Y para ser candidato a cargos públicos el requisito sería “poseer bienes raíces de no menos de 30 000 pesos”.

Imagínense ustedes si, a nombre de la estabilidad y la permanencia de la Constitución, nos hubiéramos quedado con la de 1869 (la Carta Garciana) que le dio poderes casi dictatoriales al presidente, creó la pena de muerte para delitos políticos e impuso la religión católica no solo como la única permitida por el Estado sino como requisito para la ciudadanía. Qué orgullo el no tenerle miedo al cambio y haber llegado a la XI Constitución en 1897 (“Alfarista”) que deroga la pena de muerte, reconoce la libertad de cultos y la igualdad de los ciudadanos antes la Ley. Me alegra que hayamos tenido la Constitución de 1929 porque de lo contrario las mujeres no tendríamos derecho al sufragio. Hoy, como en otros momentos de la historia, estamos frente a la disyuntiva de ir o no a una asamblea constituyente que nos permita hacer mejoras frente a una realidad política; organizativa; institucional; insostenible. Es cierto que la asamblea no ofrece garantías; casi ninguna de las decisiones que tomamos en la vida lo hace. Pero lo cierto es que tratándose de una oportunidad de construir un Ecuador más justo, a la medida de todos y todas -no de un gobierno en particular- no podemos eludir el desafío.

El “Sí” representa entonces un sí a la esperanza y al derecho y al deber de construir nuestro futuro.

Duro con los problemas...

Publicado en Diario Hoy
01/04/2007
María Paula Romo

Duro con los problemas, suave con las personas”; es una máxima tan importante que hay una frase en latín para decirlo (no llegué a la época de las clases de latín). Pero momentos políticos como el actual hacen que la frase dé vueltas por mi cabeza. Desconocer que el país necesita transformarse es ceguera pura, o ilusión óptica creada cuando uno recorre las ciudades desde la urbanización cerrada en la que vive, hacia el edificio inteligente en el que trabaja y además va hacia allá en auto con vidrios polarizados.

Es un hecho que el Ecuador tiene problemas, el Estado no ha sido capaz de construir y mantener una institucionalidad que genere confianza; y el conflicto no empieza ni termina con la pugna del momento; es mucho más grave y estructural. ¿Cómo confiar por ejemplo en un sistema de administración de justicia en donde el 60% de quienes están privados de su libertad no tiene sentencia? ¿Cómo explicarse tanta desigualdad entre ricos y pobres? ¿Qué decir del sistema educativo o de salud y seguridad social? ¿Qué está pasando en un país en donde una de las tres principales causas de muerte de adolescentes y jóvenes es el suicidio?

No solo la estructura orgánica del Estado tiene problemas; la sociedad ecuatoriana los comparte. Vivimos una sociedad racista, sexista, homofóbica, intolerante, mojigata. Los datos sobre violencia intrafamiliar, abuso infantil, trata de personas, son alarmantes. El ejercicio de convertirnos en demócratas es mucho más complejo; significa luchar contra nosotros mismos y lo que hemos aprendido en la vida cotidiana. Sobran argumentos para explicar la gran expectativa, la exigencia de una transformación. Algunos sectores no se dan cuenta que para millones de ecuatorianos y ecuatorianas, “estabilidad” significa quedarnos como estamos y estamos muy mal. “Estabilidad” no le dice nada a aquel que necesita con urgencia transformar su realidad; está casi convertida en antónimo de esperanza. El debate no puede plantearse en términos de transformación versus estabilidad; reconozcamos la situación de nuestro país y apostemos por el cambio; debatamos seriamente sobre sus características; sin fantasmas, sin mitos, sin circo.

El Ecuador nos exige ser duros con sus problemas; radicales en la lucha contra la pobreza y la exclusión; intransigentes frente a la corrupción y la deshonestidad; pero ese mismo Ecuador nos demanda diferenciar entre los problemas y las personas. Una lectura maniquea de este escenario no ayuda en nada. Sin temor a la confrontación -muchas veces es necesaria- pero a confrontar con firmeza problemas en lugar de llenar de adjetivos a las personas. Y esta reflexión se aplica para todos, sino revisemos nuestros “aportes” al debate en estos 100 días.

Lo malo y lo feo...

Publicado en Diario Hoy
25/03/2007
María Paula Romo

En un intento de evaluación de esta semana tal vez cabe solo lo malo y lo feo, pasando lista veamos si alguno de los episodios en realidad puede calificarse como bueno.

Los partidos políticos de oposición ponen el grito en el cielo y tratan de impedir la participación de sus suplentes en el Congreso Nacional. ¿Qué tipo de partidos tienen? ¿Cómo se escoge a los suplentes? ¿No hay una línea ideológica compartida entre toda la militancia o al menos los candidatos? ¡Qué lástima de oposición y qué lástima de partidos! Cada vez más claro que no merecen ese nombre y cada vez más evidente la necesidad de un nuevo pacto político y actores dispuestos a cumplir las reglas.

El mes de la mujer, reportajes, ediciones especiales, celebración, flores (como si con flores se resolviera la impunidad de los violadores, de los acosadores, las diferencias salariales, la violencia doméstica); pero bueno, no me desvío del argumento… el mes de la mujer y la recordación de sus luchas y los lugares que ha ganado… y el alcalde Nebot –en intento de erigirse como líder de una oposición que ha perdido hasta la estrategia- vocifera como en sus mejores tiempos que no se puede poner en duda su liderazgo porque él tiene “cabeza, corazón y cojones”. ¿Qué pasa con las que no tenemos cojones, alcalde? ¿Somos secretarias, diputadas de relleno, alternas sumisas o adorno de los eventos públicos? El Municipal Tenis Club gana uno de los juicios que había interpuesto contra el Municipio (es decir contra los quiteños y las quiteñas). Ese era uno de los juicios que, supuestamente, el accionante iba a desistir luego de la última (inexcusable) decisión del Concejo Municipal (exceptuando al concejal Barrera, que parece ser el único interesado en el tema de los bienes públicos). La debilidad en la posición del Municipio entero, empezando por el alcalde, la forma en que han dilatado la toma de decisiones, la vacilación de su posición frente al tema y una defensa aparentemente insuficiente nos han llevado hasta aquí. ¡Al fin el alcalde Moncayo parece haber reaccionado! Ojalá así sea, de lo contrario, si esta decisión se convierte en el antecedente que permita la prescripción adquisitiva de dominio será el precedente perfecto para que el Municipio de Quito termine siendo dueño solo de sus edificios que ocupa.

Finalmente, el alcalde de Esmeraldas encabeza una cuasi invasión a La Concordia para “instalar los hitos de la provincia”. Cuidado con la ley de la selva que parece la única que funciona últimamente. A tomar los problemas de raíz y resolverlos y que sea la razón la que se imponga contra la fuerza. Ojalá esta serie de acontecimientos nos movilice y nos indigne en lugar de acostumbrarnos y resignarnos.

Constituyente y futuro

Publicado en Diario Hoy
18/03/2007
María Paula Romo

Una de las grandes discusiones en la teoría constitucional es la aparente contradicción entre la necesidad de que el contrato social sea perdurable, tenga validez a lo largo del tiempo, pero la implicación que eso tiene de una “atadura” a las generaciones venideras a un contrato hecho por otros y en distintas circunstancias.

En la Declaración de Independencia, Jefferson sostuvo que: “Es derecho del pueblo alterar o abolir” una “forma de gobierno” que se haya vuelto “destructiva” de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que son los principios fundamentales, los objetivos finales del pacto. Locke también se ocupó del tema: “Cierto es que cualesquiera compromisos o promesas que alguien haya hecho por sí mismo se encontrará bajo la obligación de ellos; pero no podrá, por ningún pacto que sea, atar a sus hijos o a la posteridad”. Discutamos entonces sobre la validez o no de una asamblea constituyente y decidámoslo en conjunto, ¿cómo?: a través de una consulta popular. Una vez pasado ese primer momento estaremos listos para abordar los temas de fondo que son los que debiéramos estar discutiendo. Socialismo vs. libertad, planteó en medio de una concentración el alcalde Nebot. ¿Es en esos términos la discusión? ¿Se opone el uno a la otra? ¿Los que hablan de libertad se refieren solo a la de mercado y flujo de capitales?

La oposición a la consulta popular, ¿es en defensa de la institucionalidad? ¿Cuál institucionalidad? Si son los mismos que destituyeron a las diputadas de PSP cuando no estuvieron de acuerdo con el coronel, nuevo líder máximo del pacto y la componenda; si son los mismos que votaron por la “sustitución” del presidente del TSE. Que nos digan los grandes defensores de la Constitución en qué lugar de la Constitución se habla de esta figura; o –solo con un poco de memoria- preguntemos en qué capítulo decía que podían destituir a la Corte Suprema o nombrar otra (como Prian y PSP lo hicieron hace dos años). ¡Por favor!

Basta ya de este circo político; yo también me inscribo como defensora de la institucionalidad. Porque no la tenemos hace una década es que una asamblea constituyente es procedente, es la salida democrática y pacífica en un momento como este. Nuestro desafío, como ecuatorianos, es hacer una Constitución que no sea hecha a la medida de ningún gobierno ni con dedicatoria alguna; que sea un pacto en donde todos y todas podamos reconocernos.

La teoría clásica del Estado y la Teoría Constitucional se han preocupado de que la Constitución y las Leyes puedan responder a una sociedad dinámica, con derecho a buscar días mejores. Que no sea ahora un pequeño grupo de personas el que nos prohíba construir el futuro.

Mujeres e impunidad

Publicado en Diario Hoy
11/03/2007
María Paula Romo

Cierto que los temas políticos han sido de tal magnitud que no pueden pasar desapercibidos; pero, ¿hasta cuándo los temas de las mujeres son temas de segundo o tercer orden? Así que me resistiré a opinar sobre lo urgente y circunstancial y retomaré el tema trascendental de esta semana: el Día Internacional de la Mujer cuyo lema principal este año fue “Poner fin a la impunidad en la violencia contra las mujeres”.

Este es entonces un tema fundamental, no solo como un derecho humano, sino también como parte de una agenda política. La violencia de género es una de las formas en las que mejor se ejerce y reproduce el autoritarismo que caracteriza nuestras relaciones a todo nivel. La lucha por una vida libre de violencia y la lucha contra el patriarcado son entonces parte esencial de la construcción de la democracia y la justicia.

Según datos del Conamu, la tasa de analfabetismo de las mujeres es del 11,4%, mientras que la de los hombres, 8,5%. La tasa de desempleo en las mujeres es del 15% y de los hombres del 9,1% El ingreso promedio de las mujeres en el área urbana es el 67% del de los hombres; en el área rural, apenas el 47%. A esto podemos añadir los datos sobre acceso a propiedad, vivienda o crédito. Y, claro, a esa violencia del sistema debemos sumar la violencia de la que aún somos víctimas. Se estima que siete de cada 10 mujeres es agredida física, verbal, sicológica o sexualmente en su propio hogar. Los datos sobre acoso sexual laboral, trata de personas, violación a mujeres y niñas son alarmantes; pero son todavía peores las estadísticas que muestran que –aún cuando son denunciados– muy pocos o casi ninguno de los agresores recibe ninguna sanción. Jefes, policías, médicos, jueces son cómplices de los agresores y culpabilizan a las víctimas. Debemos comprometernos todos a terminar con la impunidad en este tipo de agresiones; el primer paso es dejar de verlas como normales, habituales o problemas de segundo orden. Citando a Gioconda Belli: ¡Qué poco es un solo día, para que el mundo acumule flores frente a nuestras casas! (…) Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos / Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris / Y de los que nos vendaron los pies / Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina / o cargáramos al bebé para dar más lástima cuando pidiéramos limosna (…) Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado / Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas / Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir a riesgo de nuestras vidas / Queremos flores de los que nos quemaron por brujas / Y nos encerraron por locas.

Compasión

Publicado por Diario Hoy
04/03/2007
María Paula Romo

Por sabio consejo de un amigo, he leído El olvido que seremos, novela del colombiano Héctor Abad Faciolince; maravillosa narración del autor sobre la relación con su padre. Conmovedor hasta las lágrimas para todas las que tengan un complejo de Electra como el mío; provocará nostalgia en aquellas que no tengan gran relación con sus padres; y seguramente confundirá a todos nosotros, prejuiciosos, la capacidad de un escritor hombre para tejer una historia de tanta ternura con su padre.

El libro también habla de más de una generación de colombianos que han llorado a sus hijos, hijas, padres, amigos, compañeros; de una guerra cuyas causas y causantes permanentemente se olvidan (veamos el desenlace del actual escándalo de la parapolítica colombiana y retiraré mis palabras). He llorado el libro de principio a fin; desde que Héctor –niño– prefería ir al infierno con su padre (como era liberal, le decían que iría seguro para allá) antes que al cielo sin él; pero sobre todo en la lectura de las palabras de su amigo Manuel Mejía Vallejo luego de que Héctor –padre– fuera asesinado en uno de los ciclos de mayor violencia política colombiana:

“Vivimos en un país que olvida sus mejores rostros, sus mejores impulsos, y la vida seguirá en su monotonía irremediable, de espaldas a los que nos dan la razón de ser y de seguir viviendo. Yo sé que lamentarán la ausencia tuya y un llanto de verdad humedecerá los ojos que te vieron y te conocieron. Después llegará ese tremendo borrón, porque somos tierra fácil para el olvido de lo que más queremos. La vida, aquí, están convirtiéndola en el peor espanto. Y llegará ese olvido y será como un monstruo que todo lo arrasa, y tampoco de tu nombre tendrán memoria. Yo sé que tu muerte será inútil, y que tu heroísmo se agregará a todas las ausencias.”

A pesar de que estas líneas tan generales no hacen justicia a un libro que he disfrutado mucho, he dado vueltas para llegar a una reflexión que hace Abad sobre una de las enseñanzas de su padre –médico, como el mío–, sobre la posibilidad de que las sociedades se construyan sobre la compasión; en una interpretación que dista mucho de nuestra tradicional mirada caritativa y concesiva.
El Dr. Abad –cuenta su hijo en el libro– insistía en que la compasión es solo la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, en el lugar del otro.

Qué importante sería en un momento político como el nuestro, pero en general para construir una sociedad de justicia, plantearla sobre este ejercicio: ¿somos capaces de comprender la realidad del otro? ¿de mirar los acontecimientos desde sus ojos? ¿de pensar en el bienestar del resto? ¿Podrá ser esta forma de compasión uno de los valores de nuestra nueva democracia?

Tantos temas

Publicado Diario Hoy
25/02/2007
María Paula Romo

Confieso que he pasado toda la semana pensando cuál será el tema que llene el espacio de este domingo. A una libreta van los apuntes para decidir, al final de la semana, cuál será el tema más importante, más atractivo o del que valga la pena plantearse una discusión. Estos últimos días tengo la lista de pendientes llena, pero, como verán, no he logrado decidir cuál será el tema central de este escrito; por lo tanto, he optado por la total sinceridad de compartir mi inventario de dilemas.

Si escogiera un tema internacional podría hablarse del desbloqueo de la semana pasada de la Constituyente Boliviana; luego de seis meses de confrontación se logró terminar el reglamento de funcionamiento de la Asamblea. ¡Ahora solo falta acordar y redactar la Constitución! Según el calendario autoimpuesto el tiempo será breve; ojalá la voluntad sea la de la reconciliación y la justicia y no la de convertir a la Asamblea en el escenario de la división nacional. Otra mega noticia internacional: las vinculaciones de la política colombiana con los paramilitares que ha llegado a tan altos niveles como para provocar la renuncia de la canciller y la detención de senadores e importantes ex funcionarios del Gobierno de Uribe.

Pero, como siempre, los temas nacionales son los que más nos interesan: era digno de análisis el capítulo de la ex fiscal “asumiendo” su cargo “a la brava” (se escogió nuevo fiscal así que me quedé sin tema); o Gutiérrez anunciando la persecución que se hará a través de Pólit en la Contraloría. La siguiente cuestión nacional en mi lista era el anuncio del no pago de los bonos de deuda, luego tuve que añadir el asunto de que sí pagaron y no pude escribir sobre eso porque aún no entiendo qué pasó.

Y, si se trata de temas locales, el de esta semana volvía a ser el del Municipal Tenis Club; pero ni siquiera la votación de la mayoría del Concejo Municipal que “premió” la prepotencia de la directiva del Club; mi tema eran los correos electrónicos que he recibido por aquella columna en que traté este asunto.

Una socia me declara cómplice de la frustración de los chicos que no pueden ir a su escuela de tenis o natación; ¿será esa la frustración de los niños, niñas o adolescentes de Quito?, ¿habrá visto las cifras sobre pobreza, educación, salud, suicidios entre adolescentes? Eso es tarea del Municipio. El otro correo adjunta un boletín de prensa en donde se explica que el tenis es un deporte de caballeros y élites y que la mayoría de niños de escuelas públicas no pueden comprarse los zapatos adecuados para las canchas de arcilla. A su criterio, recuperar esos 10 000 metros cuadrados para el uso público ¡es populista! Sin comentarios.

Sin comer cuentos

Publicado en Diario Hoy
18/02/2007
María Paula Romo

Esta es una expresión muy popular y exacta: ¡no comer cuentos! Significa tener la capacidad de diferenciar la realidad de la fantasía (casi ciencia ficción en algunos casos), pero también reconocer que hay cosas que no son como deseamos que fueran. Ese es el sabor que tengo sobre los eventos de esta semana: un montón de cuentos y muchos de nosotros ansiosos por creer que las soluciones son ciertas y han llegado.

La noticia política más importante de la semana: el Congreso da vía libre a la consulta popular y, entonces, ¡la asamblea constituyente va! Tengo mis dudas de que este sea un triunfo definitivo del gobierno en su tesis de llevar adelante la asamblea; menos todavía que esto sea un paso adelante en el proyecto de transformación del Ecuador y de nuestro caduco Estado, peor todavía de las relaciones de poder que han imperado en nuestro país.

Las condiciones en que el Congreso ha “autorizado” el estatuto, en esta supuesta apertura del dictócrata para promover la participación ciudadana no benefician el proyecto de cambio, todo lo contrario: vuelven a boicotearlo. El requisito de recolección de firmas no tiene como objetivo principal limitar la participación; de lo que se trata es que quienes se presenten como candidatos a la asamblea hagan una primera demostración –formal– de representación y apoyo. Por eso se exigía el mismo requisito para los partidos políticos, porque nos negábamos a asumir que cuentan hoy con el respaldo y la representación que acreditaron en el momento de su creación.

Y el segundo cuento gigantesco, digno más bien de novela de terror que de aventura, es la orden de prisión dictada contra Alejandra Cantos por una de las decisiones tomadas durante su gestión en la AGD. ¿Peculado? ¿La doctora Cantos se apropió de los recursos del Estado? Resulta imposible creer que luego de la crisis del sistema financiero y su caída; luego de que el Congreso –gracias a las reformas propuestas por el PSC– decidiera socializar la quiebra, esta historia macabra finalice con Alejandra Cantos como la única encarcelada por este histórico episodio en nuestro reino de la impunidad.

Claro que con esta nueva decisión del Congreso es muy fácil que las organizaciones ciudadanas y nuevos espacios políticos participen, lo difícil es que lleguen a la asamblea. Esta ocurrencia sobre las firmas le exige al Gobierno la capacidad de articular en su empresa un amplio proyecto transformador y no convertirlo en la suma indiscriminada de apoyos irrestrictos.

Seguro que la política del viejo país, del pacto y el reparto nos seguirá contando cuentos. Lo que no puede suceder es que sigamos creyéndonoslos.

El Estado de Derecho

Publicado en Diario Hoy
11/02/2007
María Paula Romo

Hoy que la legalidad está tan venida a menos, y empezamos a creer que la legitimidad y las encuestas son la mejor forma de conducir una democracia, parece fundamental acordarse de qué se trata el famoso Estado de Derecho. Es una conquista de la política moderna; tiene algunas implicaciones: la primera, tal vez la más importante, es reconocer que el poder no está en las personas, sino en las leyes (para que esto quedara claro, la monarquía francesa pasó por la guillotina); su segunda característica fundamental es que frente a ese poder -de las leyes- todos somos iguales: no privilegios, no concesiones especiales; la gran ficción de la democracia es la igualdad ante la ley.

Esto nos da algunas pistas de por qué es importante defender este concepto que a veces hasta nos suena hueco; es porque, mientras más real sea, estamos menos expuestos a las arbitrariedades del poder o a sus abusos. ¿Cómo se hace realidad semejante enunciado?: organizando instancias de poder, control, administración de justicia y garantizando que su actuación sea independiente, previsible y a través de un proceso justo. Larga introducción para terminar diciendo que el gran debate de hoy sobre la Corte Suprema, el Consejo de la Judicatura, el fiscal, el Congreso, no son debates entre personas, rencillas entre grupos o sagaces movimientos políticos. Estamos precisamente discutiendo sobre los cimientos de la democracia. Este momento entonces nos exige a todos generosidad y responsabilidad: menos cálculo político y más compromiso ético; incluso la firme decisión de abandonar las prebendas y privilegios a los que algunos han estado acostumbrados.

Con estos antecedentes, algunas preguntas urgentes: ¿procede en un Estado de Derecho que la CSJ analice una resolución de un Tribunal Constitucional?; ¿procede que este Tribunal revise -con celeridad digna de mejor causa- una decisión de la Corte?; ¿le corresponde a una ex fiscal (la misma que le daba bendiciones a Bucaram por teléfono) exigir “su” cargo como si fuera un derecho adquirido?; ¿es posible que miremos un patrullero parqueado frente al Ministerio Público desde hace semanas?; ¿a nombre de qué la dirigencia de una agrupación política ocupa instalaciones de una empresa estatal para exigir que se designen funcionarios de entre ellos? Aunque por mucho tiempo el discurso de la legalidad ha justificado atracos e injusticias, la solución no es vivir por fuera de la ley. En un mundo tan desigual como el nuestro, los derechos y una legalidad (construida con legitimidad) son una garantía para los más débiles. Por aquí deberíamos empezar a caminar para la construcción de un verdadero Estado Social de Derecho.

¿Saben qué es público?

Publicado en Diario Hoy
04/02/2007
María Paula Romo

¿Qué pensaríamos los quiteños si nos anuncian que se piensa vender el parque La Carolina; o los cuencanos si se discute el precio del Parque Calderón, o los lojanos si se nos comunica que vamos a “prestar” la mitad del Parque Jipiro para construir un club privado? Lo que se discutió esta semana en el Concejo del Distrito Metropolitano de Quito se parece mucho a estas ideas descabelladas.

Hemos sido testigos durante meses del conflicto del Municipio con el Municipal Tenis Club.
Resumiendo la historia: unos 10 mil metros cuadrados fueron entregados en comodato (préstamo de uso) para el funcionamiento de un club privado; por si esto fuera poco, distintas administraciones entregaron dinero en efectivo para parte de su construcción. Por más de 50 años este terreno público fue utilizado sólo por un grupo de personas.

Luego de una fuerte disputa, el Municipio resolvió (estaba facultado legalmente para hacerlo) dar por terminado el contrato de comodato que mantenía con el Club. Respuesta: una prepotente demanda de prescripción adquisitiva de dominio; desconociendo no sólo la naturaleza pública del bien y la existencia de un contrato claro sobre las condiciones del uso, sino los principios fundamentales de esa figura jurídica.

Finalmente parecía haberse encontrado una propuesta razonable, incluyendo la concesión a los socios del reconocimiento de su membresía en el club, pero recuperando la propiedad, la administración y el uso de las instalaciones para los ciudadanos. Esto fue decidido hace menos de un mes por el Concejo y hoy resulta que a algunos concejales la venta les parece una buena alternativa.

Directivos del Municipal Tenis Club proponen pagar –en plazos– $1 800 000, mientras el avalúo predial del bien –incluidas las construcciones– es de casi $6 millones; y el valor comercial podría llegar a ser hasta cinco veces el precio ofertado por el Club. Si la decisión fuera la de vender este predio, lo primero sería cambiar su categoría de bien afectado al uso público (de lo contrario la venta no está permitida), pero además debería convocarse una subasta pública; nada les da a los directivos del Club el derecho de compra y peor todavía al precio que a ellos les parezca conveniente. Pero este no es sólo un problema de precio o de procedimiento, lo que está en juego es el manejo transparente y adecuado de los bienes que le pertenecen a la ciudad, y el deber de nuestros concejales de resistir a presiones y chantajes. Señor alcalde: su deber no es con un grupo de socios de un club de tenis, su responsabilidad es la de cumplir la ley y velar por el interés de la ciudad entera.

La muerte

Publicado en Diario Hoy
28/01/2007
María Paula Romo

Aunque la muerte -propia y ajena- es la única certeza que tenemos los humanos, resulta que siempre nos desconcierta y nos abruma. Desde que no nos conformamos con la explicación de los designios divinos, hay unas muertes que nos parecen más inexplicables, menos procedentes que otras.

Así, incomprensible, ha sido la muerte de la ministra Guadalupe Larriva, la de su hija y de los oficiales que se accidentaron en Manta. Y así de ilógicas son también otras muertes privadas; que -sin imágenes televisadas- son alarmantes y conmovedoras. Es el caso de la muerte de Paúl Guañuna.

Guadalupe Larriva, más allá de sus virtudes y su trayectoria personal, representó en estos pocos días dos cosas muy importantes: ser una mujer al mando de una institución que simboliza el poder patriarcal y los estereotipos más arraigados de lo masculino; y ser además la primera ministra no militar, la primera ministra del poder político, en unas Fuerzas Armadas deliberantes muy por encima de lo que la democracia exige.

Es por todo eso junto que la muerte de la ministra Larriva ha resultado tan dolorosa: a la pérdida personal se sumó el desvanecimiento (transitorio, esperemos) de las otras cosas que Guadalupe simbolizó en estos días.

Paúl Guañuna era un joven de 17 años; sus familiares lo encontraron muerto el 14 de enero en un barrio del norte de Quito. Tenía quemaduras en las manos, señales de haber sido golpeado y los brazos cruzados. El viernes se exhumaba su cuerpo para buscar indicios de una posible tortura. Lo último que se sabe de él es lo que contaron dos de sus amigos: fue detenido por una patrulla policial la noche anterior cuando lo encontraron pintando un graffiti.

En cada caso, tan distinto el uno del otro, familiares y amigos exigen explicaciones, investigación y que se determinen, si las hubo, las responsabilidades de estas muertes. En ambos casos, aunque imprescindible, ninguna investigación llenará el vacío que estas personas dejaron.

Pero además del dolor para quienes más sienten su ausencia, la muerte siempre tiene algo que decir a los supervivientes: nos recuerda que desde todas las luchas nuestra apuesta es por la vida; desde la autosuficiencia o el poder nos devuelve a la fragilidad de nuestra condición humana; relativiza los problemas y las pretensiones. Nuestra lucha contra la muerte es la lucha diaria, de los héroes cotidianos y de las grandes figuras. La muerte nos iguala y también nos recuerda que estamos vivos mientras tenemos ideales, razones para sonreír y esperanza para seguir despertando. Como escribió Savater: “En el fondo todos vivimos de la parte de Don Quijote que tenemos y cuando reconocemos que no lo somos morimos”.

¿Renovarse o morir?

Publicado en Diario Hoy
21/01/2007
MarÍa Paula Romo

‘Renovarse o morir” dijo el diputado Cevallos, actual presidente del Congreso, en su discurso durante la posesión de Rafael Correa. Sorprendió la retórica revolucionaria, sobre todo viniendo de la dirigencia del statu quo, pero es todavía más sorprendente cuando miramos lo que han hecho en el Congreso antes y después de estas palabras. Despartidizar los órganos de control y la Función Judicial se apuntaba como el objetivo repetido incluso en el discurso de los más conservadores. No solo eso, sino que el único tema que constaba en el acápite reforma política del plan de gobierno del Prian era precisamente ese. Esta también era una de las exigencias más claras en medio de propuestas todavía imprecisas sobre los objetivos de una asamblea constituyente; pero resulta que a la mayoría en el Congreso no le tomó ni siquiera un mes olvidar la consigna (la mayoría ex minoría, ahora nueva mayoría hasta próximo aviso).

Es cierto que la Constitución faculta al Congreso a nombrar fiscal general cuando el Consejo Nacional de la Judicatura no hubiera enviado la terna dentro del plazo establecido; pero también es cierto que el Congreso entero conocía que se llevaba adelante un concurso de oposición para conformar esa terna (en el camino de recuperar la débil confianza que hoy tiene la Función Judicial, problema en que el Congreso es co-responsable). ¿De qué se trata entonces el nombramiento de Cucalón? ¿Una demostración de fuerza, de prepotencia? ¿Una provocación al presidente para reavivar la pugna?

Ecuatorianos y ecuatorianas estamos cansados de los pactos que significan reparto; no queremos más incongruencias entre el discurso y los hechos; sin ingenuidades ni falso optimismo, pero queremos creer que la real politik no incluye la negociación bajo la mesa ni la claudicación de principios. La asamblea constituyente no es un fin en sí mismo; ella –la asamblea- solo tendrá sentido si, a más de redactar una nueva Constitución, define nuevos actores y reglas de juego verdaderamente democráticas para la política ecuatoriana. Esa es la posibilidad que asusta a partidos y líderes tradicionales (presentes o representados en el Congreso Nacional) y, precisamente por eso, el estatuto no puede ser diseñado por ellos o para ellos.

Discrepar no es ser infiltrado, ni estar en la oposición, ni engrosar las filas de la “partidocracia”. El estatuto propuesto por el Gobierno necesita cambios para lograr sus objetivos. El presidente Correa debe encontrar compañeros y aliados (no suyos, sino del proyecto de un Ecuador más justo); para hacerlo no necesita pactar con quienes hacen parte del viejo país; ellos afirmaron que el desafío era “renovarse o morir”; la renovación quedó descartada, los muertos no serán buenos aliados.

Cochabamba y las autonomías

Publicado en Diario Hoy
14/01/2007
María Paula Romo

Los enfrentamientos producidos esta semana en Cochabamba ponen sobre la mesa una discusión vigente en la región andina y de resolución todavía pendiente también para nosotros aquí en el Ecuador: la necesidad de terminar con los vicios del Estado centralista y, del otro lado, la de redefinir el rol que juegan los gobiernos locales y sus dirigentes políticos en esta tarea. En el año 2005 en Bolivia, los prefectos fueron electos por primera vez mediante voto directo; en el pasado, estas autoridades seccionales eran designadas desde el Gobierno central en una lógica similar a la de nuestros actuales gobernadores. A pesar de que las elecciones marcaron el triunfo de Evo Morales y su proyecto político, los resultados seccionales produjeron resultados distintos: seis, de los nueve prefectos bolivianos, son parte de la oposición al MAS.

Uno de los discursos centrales de estas nuevas autoridades fue el de la descentralización y las autonomías. En julio pasado el gobierno de Morales convocó a un referéndum para preguntarle al país sobre un modelo autonómico para Bolivia. Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija –cuatro de los nueve departamentos- votaron a favor de establecer un régimen autonómico; los cinco restantes votaron por el no. El resultado nacional fue de un 57% de ciudadanos que dijeron NO al modelo autonómico. Entre otras cosas, la negativa reflejó el temor de que las autonomías puedan provocar la división del país.

El conflicto desencadenado estos días en Cochabamba tiene que ver con la propuesta del prefecto Reyes Villa de un nuevo referéndum por la autonomía y la tesis contraria de fuerzas cívicas y movimientos sociales que han respondido exigiendo la renuncia del prefecto. El problema se agrava por la falta de legislación y de claridad respecto de quién y cómo dirime conflictos de este tipo.

Lo que hoy sucede en Bolivia nos llama a reflexionar sobre el caso ecuatoriano: la ineficiencia del Estado central ha generado legítimas demandas por el diseño de un modelo que permita acercar el poder y el Estado a los ciudadanos, pero no puede convertirse en el mecanismos para perpetuar a los caudillos locales. Es fundamental que el nuevo diseño responda a un proyecto nacional y a un amplio acuerdo (este es otro de los temas urgentes de la Asamblea Constituyente); de lo contrario puede convertirse en factor adicional de conflicto y chantaje político. Esta discusión también exige redefinir las nociones de representación; la responsabilidad que tienen en el escenario nacional los dirigentes locales, y la necesidad de renovar permanentemente los pactos de convivencia en países tan diversos como los nuestros.

No le teman a la consulta

Publicado en Diario Hoy
07/01/2007
María Paula Romo

Gran expectativa ha causado la posesión del nuevo Congreso Nacional y no es para menos. Hagamos una breve visión de los hechos que preceden su llegada: en la ya débil credibilidad de las instituciones democráticas ecuatorianas, el Congreso ha batido todo récord de desconfianza; a eso debemos añadir la grave complicidad del Congreso en el golpe del coronel dictócrata contra la Constitución (muchos dirán que es imposible generalizar, pero las afirmaciones contra el Congreso se ajustan a la verdad: no hablamos sobre la votación de unos pocos diputados, sino sobre el resultado final de la decisión de un cuerpo colegiado); o el caso digno de anécdota de la Ley Huaquillas, que una vez publicada, los diputados (exceptuando uno) anunciaron no haber leído el proyecto de ley. Podría argumentarse que ese fue un Congreso formado por otros diputados, que en el que se instaló el día 5 de enero hay algunas caras nuevas.

Es cierto, el “nuevo” Congreso no repite el 100% de sus integrantes pero, a pesar de eso, tampoco da una clara señal de transformación.

Los diputados y diputadas no pueden solo ser juzgados por su trayectoria o simpatía personal. En un régimen democrático los diputados son representantes de la ciudadanía, pero también de un proyecto político, de un partido político y sus propuestas.

Por lo tanto, los diputados que acaban de ocupar sus curules también representan a los partidos políticos que luego de ser cuestionados y criticados no mostraron ninguna intención de cambio.
Y la historia se repite: los representantes de las bancadas mayoritarias del Congreso (Prian, PSP, PSC) empiezan su período pidiéndole al presidente Correa una decisión suicida: abandonar la iniciativa de la Asamblea Constituyente.

Una posición de esta naturaleza no solo desconoce la validez del encargo que cientos de miles de votantes le dieron a Correa, sino que cierra toda posibilidad de acuerdo mínimo con el Ejecutivo y le obliga a las medidas drásticas y de confrontación que dicen querer evitar.

Por supuesto que quienes están hoy en el Congreso obtuvieron su propia votación; pero también es importante reconocer que la población que optó por el voto nulo expresó su rechazo, que no todas las fuerzas políticas importantes están representadas: el partido de gobierno por ejemplo, renunció a participar en este proceso electoral precisamente como un cuestionamiento a su legitimidad. Y, si ninguno de estos argumentos fuera válido, entonces probemos en esta ocasión la vocación democrática de nuestros “representantes”. Señores diputados: no le tengan miedo a la democracia, ¡vamos por la consulta!

El año 2006

Publicado en Diario Hoy
31/12/2006
María Paula Romo

Sobre los ritos se ha estudiado mucho: que pueden ser positivos o negativos; de transición; mágicos o religiosos; que sirven para distinguir lo sagrado de lo profano; que conjuran nuestros miedos o marcan un momento de compromiso.

Hay ritos que son crueles, sangrientos, para nuestra mirada occidental casi “bárbaros”; hay unos que sostienen la cultura patriarcal y la refuerzan; y también hay ritos que simplemente nos recuerdan celebrar la vida. Este último es para mí el caso del rito del Año Nuevo.

Con esta costumbre de separar el tiempo en años y llevar la cuenta, resulta inevitable llegar al final de uno y mirar hacia atrás.

A mi me pasa: el año nuevo me pone nostálgica de lo que se ha ido y al mismo tiempo me llena de ánimo y curiosidad sobre lo que está por venir. Increíble lo que hace la autosugestión, pues finalmente el paso de un año a otro es solo la repetición del ciclo del Sol, un día más como cualquier otro.

Pero, una vez confesado lo que el cambio de año me provoca, trato de pensar en aquello que marcó mi 2006.

En enero estuve en Santiago, mientras la gente celebraba en las calles el triunfo de Michelle Bachelet; por primera vez una mujer llegaba a la Presidencia de Chile.

Unos meses después, mi amiga María Alexandra (la “Negra”) se convertía en una valiente y alegre mamá.

Estos dos acontecimientos, tan distintos, estuvieron ahí recordándome la fuerza inagotable de las mujeres, su capacidad de construirse y reconstruirse, y su tenacidad para asumir inmensos desafíos.

Este año también tuvo la tristeza de las despedidas. Unas fueron definitivas como la muerte de mi abuelo “Viche”. Otras separaciones durarán solo por un tiempo, mientras la vida traiga a los amigos de regreso, desde Madrid o Cochabamba.

El año 2006 trajo nuevos compañeros y compañeras con quienes trabajar y soñar en días mejores y un Ecuador más justo. Me dio la posibilidad de conocer más a los que estaban cerca y seguir descubriendo en ellos a seres humanos excepcionales, generosos, incansables. Este año descubrí cuánto me gusta un poema titulado ‘Octubre’; aprendí la diferencia entre el liquen y el musgo, y aprendí también a querer a los lobos.

Esta noche se termina 2006, es un buen pretexto para celebrar la vida: los días pasados y los que están por venir; para recordar a los que queremos y decirlo; para tener presente todo lo que nos falta por hacer.

Escribía Galeano (cuando apenas 2000 era el año nuevo) que el tiempo se burla de los límites que le inventamos para creer que el nos obedece.

Pero, en el mismo escrito, terminaba deseando que “en este mundo chambón y jodido, cada noche sea vivida como si fuera la última y cada día como si fuera el primero”. Ojalá así sea nuestro 2007.

A la Constituyente

Publicado en Diario Hoy
24/12/2006
María Paula Romo

Una de las vías que se propone desde abril del año pasado para la reconstrucción del Estado ecuatoriano es la de la Asamblea Constituyente. Desechada por Alfredo Palacio pero que tomó nueva fuerza en la campaña política y se convirtió en una de las plataformas de campaña del ahora presidente Rafael Correa. No todos los votos de Correa son votos por la Constituyente, pero lo que sí podemos afirmar es que el apoyo al proyecto de Alianza País es la evidencia de una apuesta mayoritaria por el cambio. Para lograrlo, la Constituyente es uno de los pasos previstos. Correa ha anunciado que la convocatoria a consulta popular será inmediata. Si los partidos políticos tradicionales y el perdedor de la segunda vuelta saben reconocer el mensaje de la gente, no deberán oponerse. Y, a partir de allí, los grandes desafíos: establecer las condiciones de la convocatoria y tener un acuerdo mayoritario sobre los temas fundamentales de la nueva Constitución.

Seguramente cada uno de nosotros tiene un criterio sobre cuáles son los representantes que deben estar en la Asamblea y cuáles no. Que no deben estar los improvisados, no los populistas, no los grandes responsables de los fracasos del pasado. Es así, pero para evitar su presencia en la Asamblea tendremos que ganarles las elecciones; pretender limitar su participación a través de un estatuto es la vía menos democrática y también la estrategia más débil.

Al mismo tiempo, las condiciones de participación deberán permitir igualdad de oportunidades; sin privilegios para nadie pero asegurando que el juego democrático no se vea distorsionado por una autoridad electoral que se hace de la vista gorda o por una guerra entre fondos de campaña.

Vamos hacia una Constituyente con múltiples consignas: a proteger los derechos conquistados y su naturaleza progresiva; a construir órganos de control independientes del poder político y sus intentos de manipulación; a lograr un diseño en donde los poderes sean co-responsables de las decisiones y la gestión; un modelo en donde los ciudadanos sean los principales protagonistas de la democracia y no los gremios o las corporaciones. Vamos a la Constituyente para tener un Estado que no esté tutelado por las Fuerzas Armadas, un Estado dueño de los recursos naturales y comprometido con su conservación; un Ecuador en donde las regiones y las ciudades se desarrollen sin perder de vista el proyecto nacional, en donde la descentralización o las autonomías sean para los ciudadanos y no para los caciques locales. Tenemos muchas tareas para la Constituyente, pero la principal es la de renovar el pacto social, para delinear nuestro proyecto de presente y de futuro: un Ecuador de todos y para todos.

Murió Pinochet

Publicado en Diario Hoy
17/12/2006
María Paula Romo

Que la muerte le ganó a la justicia; que Chile queda dividido; que ha muerto el ícono de las dictaduras en América Latina. Se han dicho y escrito muchas cosas en estos días sobre Pinochet y es que, sin duda, la muerte del dictador y las reacciones suscitadas por ella nos hablan de muchas otras cosas. Pinochet muere sin haber comparecido ante un tribunal a dar explicaciones sobre lo que hizo con Chile y los chilenos durante los largos años de su dictadura. Argumentando incapacidad mental y luego dando largas a los requerimientos de la justicia chilena, la muerte lo salvó de su posible condena y del precedente que ella crearía. Pinochet murió en la cama de un hospital y lo último que vio fue su familia y amigos. La antesala de su muerte no fue el Coliseo de Santiago, ni las caras de los torturadores o las paredes de Villa Grimaldi, o Chacabuco. La familia de Pinochet le organizó un funeral y conoce el destino de su cuerpo; no pueden decir lo mismo familiares y amigos de más de 3 000 desaparecidos.

La prensa chilena e internacional nos muestra un escenario de inmensas contradicciones: un grupo de personas que lamentan su muerte y lo califican de “padre de la patria”; líderes políticos de derecha que piden honores fúnebres; y también chilenos y chilenas celebrando la muerte del tirano, esperando que su desaparición física pueda también desaparecer el odio y la violencia que generó su vida.

En medio de la polémica sobre las características de su funeral, miles de personas se acercan al ataúd que contiene a Pinochet: un grupo de jóvenes le dedica un saludo nazi en una imagen que ha recordado al mundo las peores cosas de las que es capaz; otro chileno, el nieto del general Pratts espera horas en la fila para escupir sobre el féretro que contiene al asesino de su abuelo. El nieto de Pinochet, militar activo, toma la palabra y reivindica el golpe de Estado y las acciones de su abuelo, justo luego de que el cardenal Errázuriz agradeció a Dios “las cualidades que le dio y todo el bien que hizo a nuestra patria y a su propia institución”.

Los militares que hoy rinden homenaje a su general son aquellos que luego de los informes de la verdad pidieron perdón al pueblo chileno por las atrocidades cometidas durante la dictadura. En la misma Escuela Militar en donde se velan los restos del tirano, un grupo de poetas chilenos recitó hace un par de años los poemas compuestos como protesta durante años de cárcel y tortura. La reconciliación no será posible con la desmemoria. Solo la verdad y la justicia podrán curar las profundas cicatrices de la tiranía.

A Pinochet le sobreviven muchos de quienes fueron torturados por sus órdenes; los hijos, hijas y nietos de los desaparecidos; pero, sobre todo, a él le sobreviven los ideales que él creyó que otras muertes desvanecerían.

Mayorías y minorías

Publicado en Diario Hoy
10/12/2006
María Paula Romo

La discusión sobre quién tiene el poder y la influencia en los regímenes democráticos ha sido una constante en la historia política de los últimos años.

Muchos expertos, sobre todo identificados con la derecha, esgrimían el argumento de que la democracia tiene suficiente con ser un régimen de mayorías; era común escuchar las quejas presentadas por ellos cuando los grupos aparentemente “minoritarios” pretendían que su voz sea escuchada para la toma de una decisión.

El ejemplo permanente de este caso: el de la participación y la reivindicación de los pueblos indígenas. Mientras esto sucedía por un lado, por otro, sectores más progresistas se negaban a resignarse con el tema de la mayoría; hablaban de buscar consensos, asegurar sistemas proporcionales, permitir la representación y participación real de las minorías.

La discusión en la que está entrampada la Asamblea Constituyente boliviana desde hace meses es precisamente una nueva edición de este debate; solo que hoy parecen haberse invertido los papeles. El MAS de Evo Morales tiene en la Constituyente su propia mayoría, así que ahora no le parece malo el argumento sostenido y aplicado por la derecha en su país durante años: una democracia a la medida de la mayoría.

La oposición, por primera vez en situación de minoría, defiende hoy la tesis de la inclusión, de la participación general, de la insuficiencia de las mayorías simples para la construcción de la democracia.

Por eso exige que la Constituyente tome decisiones con el acuerdo de dos tercios de sus integrantes. Algo similar parece estar preparándose para el escenario político ecuatoriano del próximo año; hemos empezado ya a escuchar a quienes defendían las tesis más duras de la gobernabilidad como acuerdo entre las mayorías, argumentar sobre la necesidad de que las voces minoritarias en el Congreso sean escuchadas. Qué lástima que se haya convertido en un buen argumento solo cuando dejaron de ser mayoría; antes de estar en esta situación no tuvieron ningún problema en planificar y protagonizar las famosas “aplanadoras”, para las que todas las voces divergentes eran marginales e irrelevantes. Lo que está sucediendo en Bolivia y los momentos previos a la instalación de nuestro próximo Congreso y Gobierno deberían ser una gran lección para todos y un excelente pretexto para probar nuestra convicción democrática. Por supuesto que la democracia es también un asunto de minorías, sobre todo cuando uno está en la posición mayoritaria. El desafío es construir países y sistemas en donde, desde la defensa del interés general, haya lugar para todos y todas.

¡Bien por Colombia!

Publicado en Diario Hoy
03/12/2006
María Paula Romo

El jueves 30 de noviembre se instaló en Bogotá el primer Congreso Nacional del Polo Democrático Alternativo. No solo las resoluciones de su Congreso, sino fundamentalmente el proceso que los ha llevado hasta allí, son motivo de optimismo para la democracia colombiana.

Los casi 3 000 participantes en este Congreso fueron electos mediante la votación de más de 550 mil militantes del Polo, en votaciones realizadas únicamente en la mitad de municipios de Colombia (en otros 500 no se instalaron puestos de votación).

El Polo Democrático comenzó su construcción directamente ligado con la defensa de la Constitución del 91 y el Estado Social de Derecho. Con pasos firmes, está demostrando que es posible democratizar y modernizar a la izquierda, en regímenes políticos personalistas y de populismo como los que marcan gran parte de nuestra región.

Hoy el Polo, como muchos líderes lo reconocen, ha logrado mostrar sus resultados como un triunfo colectivo; militancia, disciplina y voluntad de un ejercicio político diferente. En los discursos de inauguración del Congreso se habló de democracia, de paz, del apoyo del Polo a las acciones de la Corte Suprema frente a las últimas evidencias de vinculación política–paramilitar. Antonio Navarro, en su intervención, se dirigió directamente a las FARC y al ELN: “este es el camino, aquí está el camino de la democracia, el camino de las urnas, de la participación, el de la lucha callejera, el del poder popular ciudadano sin armas, para que nos alcemos en almas por Colombia, el de la conformación de un partido político poderoso que gane las elecciones y comience el cambio que tanto ha esperado Colombia”

El primer Congreso Nacional luego de la fusión del 2005 entre el Polo Democrático Independiente y Alternativa Democrática, es una prueba de las posibilidades que tiene en nuestros países una izquierda capaz de concertar, de compartir objetivos y camino, de apostarle a la unidad y a las herramientas de la democracia, la paz y la defensa de las instituciones como garantes de los derechos.

Miguel Silva, columnista de El Tiempo de Bogotá, escribió hace unos días que esta era la izquierda con polo a tierra, “el fantasma de la izquierda que exitosamente recorre Colombia”. La postura de denuncia del Polo frente al horrendo escándalo político que hoy sacude el país y su ejercicio democrático, deliberativo de estos últimos días, parecen confirmar esas afirmaciones. ¡Bien por la democracia de la región y bien por Colombia!

Oportunidad perdida

Publicado en Diario Hoy
26/11/2006
María Paula Romo

Hoy vamos a las urnas, a elegir a quien gobernará los próximos cuatro (¿?) años el Ecuador. En otras circunstancias, escribiría sobre elecciones y el 15 de enero, sobre el período presidencial del Dr. Palacio, pero esta semana tenemos tres temas que dan ya por terminada su gestión.

No me voy a referir a la imposibilidad (¿falta de voluntad?) de llevar adelante las reformas políticas que la ciudadanía exigía el día de la fuga del coronel Gutiérrez. Ni siquiera voy a hacer alusión a las muchas formas en que el propio Ejecutivo boicoteó los intentos de llevar adelante las reformas y se perdió en su propio laberinto. Pero, aún sin la oportunidad de convertirse en el “refundador”, Palacio tuvo en sus manos decisiones trascendentales. Me refiero específicamente a la Ley de la Defensoría Pública, la de Salud y los temas materia de la Consulta Popular de hoy.

Empecemos por la Consulta: dos de las preguntas pretenden que los ciudadanos le demos un plazo al Congreso para legislar sobre el AUS y sobre el destino para los excedentes de los ingresos petroleros. La primera pregunta, sobre el Plan Decenal de Educación es una decisión obvia; una política que hay que llevar adelante con o sin consulta; y en los otros dos casos, teniendo el Presidente iniciativa legislativa, lo responsable habría sido proponer él las reformas legales pertinentes, en lugar de plantear un encargo tan vago.

Esta semana, el Ejecutivo decidió vetar totalmente la Ley de Defensoría Pública; un esfuerzo de años para responder a una realidad monstruosa: la de miles de ecuatorianos privados de su libertad o a los que se les ha negado justicia por no poder pagar un abogado. Esta era la forma de materializar el derecho constitucional, de dar respuesta a uno de los temas de la cacareada reforma al sector justicia, de buscar soluciones al drama humano de nuestras cárceles, y de asegurar una de las tareas irrenunciables del Estado: la administración de justicia.

Finalmente, el viernes, el presidente vetó parcialmente la Ley de Salud. Al parecer, cedió a presiones similares a aquellas que le hicieron oficializar el “Día del No Nacido” y sugirió que las políticas y programas de salud sexual y reproductiva en el caso de menores de edad, “respeten la autoridad de los padres”; que los programas educativos sobre esta materia se destinen a prevenir la “precocidad y promiscuidad en las relaciones sexuales”; y la eliminación de la anticoncepción de emergencia como una alternativa en el caso de violación. La Ley en sí misma es un avance importante, pero el veto parcial de Palacio evidencia que los prejuicios y los valores moralistas (mojigatos) todavía pueden imponerse sobre crudeza de los hechos y las necesidades de la mayoría.

¡Increíble… pero cierto!

Publicado en Diario Hoy
19/11/2006
Maria Paula Romo


Lo más grave de lo que sucede en nuestro Ecuador, es que hayamos perdido la posibilidad de asombrarnos y molestarnos. Noticieros y periódicos reportan a cada momento un nuevo escándalo de tal magnitud que nos obliga a olvidar el anterior.

Cómo no escandalizarse, por ejemplo, de las intenciones oscurantistas de los mal llamados grupos pro vida, que esta semana han reforzado su campaña contra la Ley Orgánica de Salud; no sólo usando falsos argumentos sino utilizando a niños, niñas y adolescentes de Colegios Particulares. El Código de la Niñez prohíbe expresamente el utilizar a niños y niñas en actos de proselitismo político o religioso, como es el caso de la marcha convocada la semana anterior. Cuando el MPD o la UNE pretenden esta utilización, Ministerio y medios de comunicación se indignan y llaman la atención sobre el tema; en esta ocasión parecería que la marcha fue juzgada con otros parámetros. La aprobación de la Ley –incluido el capítulo de derechos sexuales y reproductivos- es, literalmente, vital para mujeres y hombres del Ecuador. Su discusión debe hacerse sin mentiras, exageraciones, ni manipulación.

Escandalosos los capítulos de corrupción en los que se ha visto involucrada la Policía Nacional. El problema no es sólo si un policía de tropa tomó cien o cien mil dólares; lo grave es que hayan decidido guardar casi cuatrocientos mil dólares en un cartón en una bodega cuya puerta no tiene ni cerradura. Ni qué decir de las perturbadoras declaraciones de Caranqui sobre autorizaciones anteriores para salir de paseo; o de la aparente persecución oficial a Carlos Zorrilla, activista ecológico cuyo delito parece ser el de la lucha por la conservación ambiental en la zona de Íntag, que lo ha enfrentado con la minera canadiense Ascendant Cooper Corporation S.A. que se encuentra en las inmediaciones de la Reserva Cotacachi – Cayambe.

Por si todo esto fuera poco, el Tribunal Constitucional anuncia que para la próxima semana tendrá lista su resolución sobre la constitucionalidad o no del proceso de selección de la Corte Suprema de Justicia ¡Por favor! ¿Cómo se explica que se hayan tomado casi un año para resolver esta causa? Mientras más tiempo dejaron pasar, menos confianza existe sobre la legitimidad y la independencia de presiones políticas en su resolución ¿Qué nueva información para decidir tiene hoy el Tribunal Constitucional que no haya tenido hace un año cuando se instaló la Corte? ¿Qué estaba esperando? Lo más grave no son las cosas que suceden, lo verdaderamente preocupante es que nos hayan empezado a parecer naturales. No podemos dejar de indignarnos y movilizarnos; de lo contrario, la resignación y el miedo seguirán ganando terreno.

Le aburre la política

Publicado en Diario Hoy
12/11/2006
María Paula Romo

Esa fue la respuesta de Jaime Nebot cuando un periodista le preguntó sobre lo que estaba sucediendo al interior de su partido político. Afirmar que le aburre la política, ¿será la estrategia para desvincularse de un Partido Social Cristiano que se cae a pedazos, consecuencia de sus propios actos y del manejo de su dirigencia?

El abogado Jaime Nebot Saadi no solo lleva más de 15 años afiliado al PSC sino que en su trayectoria política se encuentra el haber sido Gobernador del Guayas durante la Presidencia de León Febres Cordero; diputado provincial y nacional; dos veces candidato a la Presidencia de la República y alcalde de Guayaquil por dos períodos consecutivos; en todas estas ocasiones como representante del PSC.

Que los asuntos internos de su partido aburran al abogado Nebot debe ser algo nuevo, pues ha sido, en dos ocasiones, presidente Nacional del PSC: la primera entre 1990 y 1991 y la segunda entre 1994 y 1998. Cinco años al frente de esa organización política y, ¿ninguna responsabilidad por lo que suceda a su interior?

Es cierto que Nebot se ha distanciado de la figura de Febres Cordero y de sus pronunciamientos; también es cierto que hace tiempo no grita o insulta como en el célebre video de su pelea con Granda en el Congreso Nacional; pero ¿será eso suficiente en nuestro Ecuador de memoria corta para dejar de ser social cristiano? Y, si en verdad a uno le aburre la política, ¿por qué participar en ella?

Cada persona debe responder por sus propios actos pero, si uno es miembro y dirigente de un Partido Político, algo tendrá que decir de lo que sucede en él: de la actuación del Alcalde de Chone (PSC), por ejemplo; o de la forma en que el PSC escoge a sus candidatos de tal manera que dos de quienes fueron diputados en su representación, hace unos días se postulaban en las listas de Sociedad Patriótica; o de los capítulos de desafiliación masiva de esta última época.

La administración de Nebot en el Municipio de Guayaquil tiene muchos méritos (aunque como escribió alguna vez Xavier Lasso, ojalá en lugar de “más ciudad”, la atención estuviera en “más ciudadanos”); pero su gestión municipal no es suficiente para olvidar su participación en el gobierno de Febres Cordero, en la dirigencia del PSC, su iniciativa del impuesto del 1% a la circulación de capitales, el resultado final de su proyecto de exoneraciones tributarias o su silencio cuando la Pichicorte. Aburrido o no, Nebot ha sido uno de los personajes importantes del Partido Social Cristiano, protagonista de sus decisiones y sus actos, ahora deberá asumirlo.