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domingo, 11 de noviembre de 2007

¿Se resuelve?

Publicado en Diario Hoy
10/06/2007
María Paula Romo

El acuerdo ministerial 166, dictado por el Ministerio de Educación y Cultura en días anteriores, ha levantado gran polémica. Para mí el tema plantea la pregunta sobre qué cosas se resuelven a través de la legislación y las normas y cuáles funcionan a partir de otras lógicas (lo que, por supuesto, nos lleva a preguntarnos cuál es el papel del Estado y cuándo se está excediendo en sus funciones).
El acuerdo ministerial 166 se refiere en su mayor parte a transformar las “bandas de guerra” de las escuelas y colegios en “bandas de música” o “bandas folclóricas”; pero uno de sus artículos (el 5), pretende eliminar los concursos de belleza en las unidades educativas. Esta parte del acuerdo, literalmente, dice: “Recomendar la eliminación progresiva de la elección de reinas, princesitas de navidad y otras dignidades que basen su designación en la belleza física y/o la recaudación de recursos económicos (…)”.

Varios noticieros y generadores de opinión criticaron esta como una medida inútil o como un tema menor; en pequeños sondeos de ciertos medios, pocas personas parecían estar de acuerdo con la medida. A mí, personalmente, me pareció adecuada. Yo considero los concursos de belleza como reproductores de un estereotipo y de un rol específico para las mujeres: su presencia casi ornamental en el mundo de lo público (me escandalizan las “mesas directivas” llenas de autoridades, hombres y la “reina”); pero a más del hecho de poner a concursar a mujeres y competir entre ellas por cuál es más bella; aquello de nombrarlas “reinas” y ponerles “coronas” dice mucho sobre una mentalidad de Colonia y súbditos que por mucha celebración, hora cívica, discurso de la independencia, cima de la libertad; no logramos sacar de nuestro imaginario.

Si un barrio, asociación, sindicato, club de fútbol quiere continuar con esa práctica, está en todo su derecho (en realidad se ven concursos bastante más raros por todo lado); pero que una institución educativa pretenda la “eliminación progresiva” de este tipo de prácticas cabe perfectamente como una directriz que procure imprimir perspectiva de género en la educación. Seguro será insuficiente si las medidas no son integrales; ahora habrá que vigilar el comportamiento en general del Gobierno sobre este tema: ¿fondos públicos para certámenes de belleza?:

Definitivamente no puede ser una prioridad pública (si a alguien le suena extraño solo basta recordar el célebre fracaso de la señora Baki o preguntarnos sobre el auspicio y los gastos que en este tipo de eventos tiene el Municipio de Quito). Cambiar el imaginario es mucho más difícil que cambiar las leyes y los reglamentos, de cualquier manera hay medidas que nos ayudan a hacerlo. La pedagogía de la práctica, del ejemplo, es mucho más poderosa que la de la memoria, la repetición, la teoría.