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domingo, 11 de noviembre de 2007

Farándula/ Política

Publicado en Diario Hoy
06/08/2006
María Paula Romo

Siguiendo la línea de una política de sorpresas, esta semana nos hemos llevado algunas nuevas. A momentos una no sabe si se equivocó de segmento del noticiero o si los canales han hecho cambios en su programación: los presentadores deportivos son noticia en el segmento político, y bailarinas y presentadoras de farándula o programas concurso han pasado al horario de las noticias nacionales. Para rematar, estos últimos días también vemos en nuevo horario y segmento al presentador de los domingos por la noche. Más allá de la anécdota y la confusión, ¿qué está pasando?

Desde mi convicción democrática, reconozco y defiendo el derecho de todas las personas a elegir y ser elegidas. Es legítimo que cualquier persona esté interesada en participar activamente en la política local o nacional; pero ¿qué pretenden los partidos políticos al convertir las elecciones en concursos de popularidad? Creo yo que esconder sus debilidades, maquillar sus intenciones, acercarse de forma artificial a los intereses y temores cotidianos de una población que no conocen ni quieren conocer, peor aun representar. Es mucho más fácil poner caras nuevas para esconder viejos proyectos perversos. Resulta mejor evitar los debates profundos y las discusiones de fondo convirtiendo la campaña en concurso de belleza o relato de anécdotas futbolísticas, familiares, países visitados o personajes entrevistados. ¿No era esa la apuesta del PSC al buscar sus candidatos a la Vicepresidencia entre presentadores de noticias?

Sucede entonces que los partidos políticos no son tales, que en tiempo de elecciones su verdadera naturaleza se pone en evidencia: salen a la caza de caras famosas y personajes que suman adhesiones. El Prian publicó la semana anterior en algunos diarios nacionales la solicitud de que los interesados en ser candidatos envíen su hoja de vida, vía fax, a las oficinas centrales, ¿cómo es posible? ¿No afirman que tienen 3 millones de afiliados? ¿No deberían ser ellos los que propongan a sus potenciales representantes, los que ocupen los cargos para la elección? ¿Los que decidan en asamblea? Tal vez eso sucedería si el Prian fuera un partido político. Si los presentadores de televisión, los deportistas, los profesionales y los no profesionales quieren hacer una carrera política es una aspiración legítima, pero en verdaderas estructuras democráticas empezarían por afiliarse, aprender, discutir, ganar liderazgo, construir propuestas y, luego de ese proceso y de contar con el apoyo de los militantes y sus estructuras, convertirse en candidatos. El camino contrario evidencia la poca responsabilidad de los partidos políticos y su búsqueda de “levantadores de manos” para el Congreso. Cualquiera que no obedezca incondicionalmente, les estorba.