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lunes, 25 de octubre de 2010

A propósito de Halloween: TRIÁNGULO DE BRUJAS, de Juan Carlos Morales.

Hará unos cinco años, emprendí un viaje para descubrir los secretos de las brujas voladoras. Por los relatos del abuelo Juan José Mejía –seguidor del Quijote y de ese prodigio que es Las mil y una noches- sabía que surcaban los cielos en un triángulo perfecto entre Mira, Pimampiro y Urcuquí. Iban a Quito para traer noticias y, como si fuera poco, convertían a sus amantes en cabezas de plátano o en gallos, a quienes amarraban a la pata de la cama.
En el norte de Ecuador, como las brujas de Illuchi, en Baños, existen estos seres fantásticos que son diferentes a las brujas nórdicas, que vuelan en escoba y usan trajes negros, y que por estos días andan alborotadas por la celebración de Halloween, 31 de octubre, que según el mito celta es el día donde salen los muertos. No hay que tener miedo a estas fiestas globalizadas y a los niños que piden caramelos, pero sí debemos asustarnos de olvidar a nuestras propias brujas, en el sentido de perder la memoria como pueblo.
Entonces, entremos en materia. Como el libro trataba sobre las mitologías de Imbabura, arrendé una casa durante cuatro meses en San Blas de Urcuquí, con la esperanza de que alguna noche las brujas se pararan en la torre del campanario. Aún recuerdo con temor la entreabierta ventana y las noches estrelladas. Mientras el tiempo pasaba, se sucedían las mínimas procesiones, con los santos en andas, o los penitentes, quienes custodiaban al Crucificado, en medio de cucuruchos con tridentes. Pero de las brujas, nada.
Llevé los doctos libros de los griegos, pero también un curioso tratado de Julio Caro Baroja, Vidas mágicas e inquisición, pero además tenía presente esos magníficos lienzos de Francisco de Quevedo, de los aquelarres de las brujas o del entierro de la sardina. El ambiente era perfecto…

En los textos leía: “Diego de Torres y Villarroel, relativo al aquelarre de Barahona, en España, del siglo XVIII, pasó a la hora justa en que “las brujas salen a golosear ahorcados, espulgar calaveras, sorber niños y chupar rabos”.
Según avanzaba las páginas, encontré qué fórmulas se repetían, entre España y la entrañable América. Por ejemplo, antes de volar, las brujas dicen: “De viga en viga, de villa en villa, sin Dios ni Santa María”. A diferencia de las nórdicas, nuestras brujas levantan los brazos y llevan trajes almidonados y blanquísimos.
Por las tardes, me sentaba a escuchar los relatos de los abuelos del pueblo y, como un ovillo, seguía uniendo los misterios. Así supe que las voladoras, como son conocidas, se untan en el sobaco (axila) fórmulas mágicas, donde se incluyen potentes pócimas, como aquella que se consigue frotando, con una rama de membrillo, la piel de un sapo.

La mejor manera de descubrir a una bruja es lanzarse con los brazos en cruz, para que caiga. Esos relatos también están en el libro Memorias de Mira, de la maestra Rosa Cecilia Ramírez, quien investiga la cultura de su pueblo. Pero las brujas norandinas no son esperpentos con cazuelas de murciélagos, sino guapísimas muchachas que convierten a sus amantes en gallos. Eso sabía bien el abuelo, quien malignamente fue encantado en Mira. Pero esa es otra historia...

martes, 19 de octubre de 2010

MÁS SOBRE EL CONCEPTO DE CUIDADO (II)

Hoy se desarrolló la segunda jornada del Seminario Internacional sobre Economía del Cuidado. En este evento se expusieron los resultados de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (2007) que resulta muy importante para comprender el concepto del cuidado, la economía del cuidado y las implicaciones que tiene en el Ecuador los roles asignados o diferenciados para hombres y mujeres. Comparto con ustedes algunos datos:



■  El indicador carga global de trabajo, es parte de la popuesta de indicadores del Observatorio de Género encargado por la "X Conferencia Regional sobre la mujer de América Latina y el Caribe", en el "Consenso de Quito" del 9 de agosto de 2007 a la CEPAL. Existen algunas formas de presentar este indicador, se lo puede hacer por el total de horas de trabajo semanal de3 todos los hombres y mujeres del país, o puede hacerse en forma de horas promedio de trabajo, la investigación del INEC escogió la segunda fórmula.


■  Este indicador de carga global de trabajo nos sirve para evidenciar la diferencia de la misma entre hombres y mujeres y resaltar la incidencia del trabajo no remunerado en la vida de las mujeres.


■  Las mujeres indígenas trabajan en promedio 23 horas / semana más que los hombres indígenas. En la población mestiza las mujeres trabajan 15 horas más que los hombres cada semana.


■  Por estado civil, las mujeres que viven en pareja (unión libre y casadas) trabajan más tiempo que las mujeres solteras; sobretodo en hogares rurales que las mujeres casadas trabajan 28 horas más que los hombres; el promedio nacional: 19 horas más por semana que los hombres.

 
■  En el trabajo remunerado la diferencia es menor; en promedio los hombres ocupan 8 horas más que las mujeres cada semana; mientras en trabajo no remunerado la diferencia promedio nacional es de 23 horas más de trabajo de las mujeres. Estos datos nos dicen que las mujeres siguen siendo las encargadas "naturales" de las tareas de cuidado y que además la realización de un trabajo no remunerado, no valorado, disminuye la cantidad de tiempo disponible para sí mismas.


fuente: El tiempo de ellas y de ellos. Indicadores de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo _ 2007. CONAMU, INEC.

lunes, 18 de octubre de 2010

ALGUNOS DATOS SOBRE EL CONCEPTO DE CUIDADO (I)

Comparto con ustedes algunos datos del documento de trabajo del Seminario Internacional "Economía del cuidado y Seguridad Social"; las autoras investigadoras son: Amparo Armas, Jackeline Contreras y Alison Vásconez. El evento y la investigación es resultado de la iniciativa de varios ministerios, el propio IESS y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social.



- Una forma más general de tratar el trabajo doméstico, y para considerarlo en una dimensión también extra-doméstica de sostenimiento, es el uso del concepto de trabajo de cuidados. Este forma parte de lo que se denominará, en adelante, Economía del Cuidado, para referirnos a las actividades realizadas para el sostenimiento de la vida, sean desarrolladas dentro o fuera del hogar.


- El trabajo de cuidado no remunerado se caracteriza, esencialmente, por tener su base en la atención y las relaciones humanas y ser generador de valores de uso (servicios). Un criterio general es que son actividades realizadas por y para personas del hogar (considerando también algunas tareas comunitarios o de hogares extendidos), que son susceptibles de ser desarrolladas por una tercera persona, y producen bienes cuasi mercadeables, en el sentido de ser posible intercambiar muchos de ellos en el mercado, pero con la característica de ser bienes preferentes, es decir, de naturaleza cuasi pública.

 
- Estas tareas requieren de una multiplicidad de destrezas que han sido socialmente atribuidas a las mujeres, sobre la base de una formación genérica desde la educación formal y familiar. Este proceso de "especialización" también está asociado con la separación (casi) definitiva entre las esfereas productiva y reproductiva en el capitalismo avanzado, lo cual provoca que se mire al hogar como un espacio no productivo y como el sitio indiscutible del cuidado.


- Relacionada con este proceso también estpa la marginación y subordinación de quienes realizan trabajo doméstico y de cuidado (...). Estas condiciones se mantienen aun cuando las mujeres crecientemente acceden a posibilidades de generación de ingresos propios y mayor autonomía económica, así como también se mantiene en el imaginario social la idea del hombre proveedor.



- El trabajo no pagado de cuidados es esencialmente intensivo en recursos: tiempo, espacio, ingresos monetarios y destrezas. Es realizado a diario y con horarios inflexibles, e impone restricciones a quien lo realiza. Entre ellas, la de optar por actividades generadoras de ingreso, tomar trabajos o carreras, cuidarse a uno mismo y tener tiempo disponible. Los costos reales de este trabajo pueden verse, para quienes lo proveen, como ingresos perdidos, costos financieros, oportunidades no aprovechadas y deterioro físico.