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martes, 17 de marzo de 2015

Alexis Mera y su (pobre) opinión sobre las mujeres


En entrevista publicada por El Comercio el 16 de marzo de 2015, Alexis Mera, Secretario Jurídico de la Presidencia, comenta sobre el polémico Plan Familia y hace afirmaciones cargadas de prejuicios,  especialmente delicadas viniendo de un funcionario con tanta influencia en el gobierno.

Más allá de lo conservadoras de sus opiniones, el problema es que revelan una idea de las mujeres como seres incapaces de tomar sus propias decisiones o defenderlas; nos muestra hoy la visión imperante en el Derecho durante la mayor parte de su historia, mujeres asimiladas a niños,  que requieren que un adulto -o el Estado- decida lo mejor para ellas.

Mera habla de la prevención de embarazos y la opción de "retrasar su vida sexual" refiriéndose exclusivamente a las mujeres; claro, para él el embarazo es un problema de las mujeres, y seguramente la moral sexual, la permisividad sobre el cuerpo o los instintos difiere según se trate de hombres o mujeres, ¿no?. 

Por si esto fuera poco, al ser interrogado sobre la idealización de la familia que es un espacio atravesado por la violencia, responde: "...que las mujeres no se valoran adecuadamente, porque se dejan violentar y el hombre tiene una educación equivocada en que la violencia es un mecanismo de desarrollo familiar".  Se "dejan violentar" (!!??)  Esta respuesta refleja total incomprensión sobre los complejos mecanismos sociales que justifican la violencia contra las mujeres y la perpetúan: el lenguaje, la cultura, la religión, la economía, las propias leyes, han construido un sistema estructuralmente violento contra las mujeres y ahora resulta que es un problema de auto estima?  de valorarse adecuadamente? Mientras esto opina de las mujeres, que somos responsables exclusivas de nuestra propia situación, los hombres tienen una "educación equivocada", en su caso resulta que sí son factores externos los que han promovido un comportamiento indebido, pero ¡ojo! en medio de la equivocación hay una buena intención: "el desarrollo familiar". 

La entrevista ofrece material suficiente para un estudio no sólo de la muy mala opinión que el Secretario Jurídico de la Presidencia parece tener de las mujeres, sino también del trasfondo de una serie de decisiones legislativas y de políticas públicas que se vienen tomando en el gobierno. Tal parece que están convencidos de que las mujeres somos una especie de niñas eternas que requerimos de la tutela del Estado; que somos incapaces de tomar decisiones éticas por eso deben asegurarse de los controles y las prohibiciones; que nadie mejor que ellos para instruirnos sobre nuestra intimidad o nuestros proyectos vitales...

Pues la discusión de fondo es muy antigua -y según se ve, muy actual- las mujeres llevamos cientos de años luchando por ser tratadas como iguales, por ser dueñas de nuestros cuerpos y nuestras vidas. No necesitamos que el Estado nos diga cuándo o cómo vivir nuestra sexualidad, nunca hemos pedido su autorización para tener hijos o no hacerlo. De hecho, el Estado ni siquiera ha estado allí para las tantas y tantas niñas y mujeres para las que ni la sexualidad ni la maternidad son voluntarias, sino el resultado de la fuerza y la violencia. No necesitamos ese Estado -ni a sus funcionarios-, ni estamos dispuestas a permitirle intromisiones en nuestra intimidad. Lo que exigimos como personas, como ciudadanas, como contribuyentes, como iguales, es un Estado que respeta nuestra libertad y garantice nuestras decisiones; que nos asegure el acceso a información, salud, servicios, libres de prejuicios, ignorancia y fanatismo.  

lunes, 16 de marzo de 2015

Miguel Donoso Pareja ha muerto hoy en Guayaquil


"La mujer enciende un nuevo cigarrillo, mira al hombre, y se sienta. Este escucha y ella no sabe qué, aunque parecería oír algo lejano, distinto, probablemente del otro. No, dice él, y se levanta encorvado, repasando con la mirada los objetos que los rodean, el cofre tallado de madera, el quinqué, la lamparita antigua. No, repite, para pronunciar después, morosamente, o-tro, y se oye decir a sí mismo con una tristeza lamentable, pero el ruido vuelve, como un murmullo, con la mujer ahí, distante, observándolo, porque sabe que es igual que un animal desamparado, una ardilla moviéndose en árboles ajenos, sí, piensa, y toca toda la amplitud de la negación, la otra presencia insoslayable, la evidencia de no estar sino en el otro, en la doblez de un espejo que no da su imagen sino el corazón de ella, las oscuridades de su desencuentro." 

(fragmento de Nunca más, 1977)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Nada de desmemoria

El análisis de José Hernández, publicado en su blog el 07 de febrero de 2015, es un buen pretexto para un debate fundamental de las izquierdas en el Ecuador: ¿de cuánto de lo que hoy sucede en el país somos responsables? ¿cuáles son las acciones -u omisiones- que nos trajeron hasta aquí? y ¿cuáles son los grandes aprendizajes de este periodo político del Ecuador?

No hablo por las izquierdas, a lo mucho por Ruptura, movimiento al que pertenezco y que fue parte de un acuerdo político con el gobierno en el periodo de convocatoria a la Asamblea Constituyente y hasta que Correa propuso "meterle las manos a la justicia". O, para ser más exacta (porque no hemos acordado el contenido de estas líneas con mis compañeros), hablo por mí, aunque ciertamente alimentada por las conversaciones y reflexiones que sobre este tema hemos tenido incluso antes de separarnos del gobierno.

Estoy dispuesta -y creo que nos debemos y le debemos al país- a una discusión pública sobre los errores que cometimos. Creo que la mayor parte de ellos fueron omisiones: no haber dicho que no a tiempo, o no haberlo dicho con suficiente firmeza. Otro error fue el haber mantenido a lo interno (del acuerdo, de la bancada, del movimiento) tantos debates que debieron haber sido públicos. La temprana imposición de un juego maniqueo (tampoco nuevo en la política nacional) y la supuesta necesidad de "no hacerle el juego a la derecha" consolidaron una lógica perversa hoy convertida en el sistema ´incondicional vs. enemigo´ con la que Rafael Correa ha dividido al país. 

¡Claro que cometimos errores!

Al mirar la Constitución lamento que no hayamos tenido la fuerza suficiente para moderar el hiper presidencialismo (de nuevo, en honor a la memoria tampoco invento nuestro ni del correísmo). En lo institucional el papel de los organismos electorales es otra vergüenza que nos hace extrañar los tribunales electorales del "pasado" que aunque no tenían independencia respondían a 5 o 7 fuerzas políticas distintas y no a una sola que hoy sabemos que es el peor de los mundos.

Aunque en su momento no fui la más entusiasta con la idea del Poder Ciudadano, confieso también que no alcancé a ver tanta debilidad desde la organización ciudadana, tanta complicidad desde quienes han tenido en sus manos la responsabilidad, y tanta falta de pudor de quienes han terminado por cooptar o poner en riesgo de desaparecer a las organizaciones ciudadanas y de sociedad civil que se suponían llamadas a este espacio.  La posibilidad de más y mejores mecanismos de participación parecía interesante, mi opinión sobre algunos sectores de la sociedad civil, su fuerza organizativa, su voluntad de resistirse al poder, ha cambiado en estos años.

En mi lista personal de errores, incluyo el no haber prestado más atención a queridos compañeros y compañeras que miraron lo que pasaba con más anticipación que el resto de nosotros. El confiar en que llegarían las correcciones, en que podríamos influir más las disputas internas, significó el alejamiento de valiosos compañeros políticos.

Aprendí a tener más desconfianza de los personalismos, pero también debo decir que nadie se convence a sí mismo de su papel de líder, de mesías, de conductor infalible, sin una serie de cómplices dispuestos al silencio y la complacencia. Nosotros no engrosamos nunca las filas de la adulación, aunque creo que las críticas debieron ser más firmes y llevadas al debate público. 

Me atormenta permanentemente la pregunta sobre la naturaleza humana y la naturaleza del poder. El acuerdo político con Rafael Correa incluyó -en términos generales y de principios- muchos de los puntos que luego se convirtieron en conflicto o sobre los cuales Rafael Correa cambió de opinión. Una buena parte de quienes conformaban PAIS venían de una tradición de defensa de los derechos humanos, construcción de movimientos sociales, la defensa de los pueblos indígenas, del feminismo, de la crítica al autoritarismo; esta conformación nos pareció garantía sobre el rumbo del gobierno. Hoy sorprende y duele la facilidad con que tantas personas han cambiado su postura al precio de olvidar sus luchas vitales y sus orígenes políticos.

Dicho esto, y sin pretender negar los errores ni evitar el debate; también creo que hay aciertos que en mucha medida podemos atribuirnos y que sobre esto también hay que evitar la desmemoria. Estoy segura que nuestra presencia en Montecristi fue la que -a pesar de todas las tensiones que nos costó- permitió poner en discusión temas como el carácter del Estado, la participación política de los jóvenes, la educación, el arte, la libertad estética, los derechos sexuales y reproductivos o el Estado laico;  las justicias (en plural, pues una de nuestras apuestas desde la izquierda era comprender que la discriminación y la injusticia tiene muchas más formas además de la lucha de clase).

No puedo dejar de decir que mientras nuestros compañeros eran parte de la conducción del Ministerio de la Política o el de Seguridad ningún participante en una protesta fue procesado penalmente o acusado de sabotaje o terrorismo. Porque creímos en el diálogo y no en el ataque, en la discusión abierta y no en las persecuciones ocultas, en la posibilidad de gobernar con firmeza sin abusar del poder estatal en contra de los ciudadanos.

En mis tareas como legisladora participé con responsabilidad en los temas de interés nacional; desde la red de seguridad del sistema financiero, educación, temas laborales y productivos.  Creí siempre en la necesidad de fiscalizar al poder y el intento de juicio político al ex Fiscal W. Pesántez representó uno de los momentos de mayor tensión entre el Legislativo y el Ejecutivo. En uno de los primeros intentos de amedrentamiento a la prensa a través de control de contenidos, cuando el CONARTEL sancionó a Teleamazonas, mantuve el debate y la acción -en lo que me correspondía como asambleísta- hasta la comparecencia del funcionario a cargo. Finalmente esa resolución fue revocada.

También en el debate en la Asamblea Nacional mantuve una postura muy clara sobre una ley de comunicación que garantice derechos y libertades y que bajo ningún concepto controle contenidos. Fui crítica también sobre lo irregular de su trámite e insistí en la necesidad de incluir en la ley la creación de directorios plurales para garantizar que los medios públicos sean públicos y no gubernamentales. Todas estas observaciones las hice mientras formaba parte de la bancada del Movimiento PAIS, con lo que implicaba el ser crítica públicamente con un proyecto tan sensible para el régimen.

No fuimos los únicos que creímos en que habían condiciones y voluntad para transformar el Ecuador en un país más justo y con oportunidades para todos. Durante mucho tiempo estuvimos seguros de que la disputa interna tenía sentido y los resultados valían la pena. Pensamos que a pesar de las diferencias y las dificultades se lograban pequeñas conquistas o podíamos evitar grandes errores. Muchos otros hicieron un esfuerzo similar en esa época y es probable que hoy lo sigan haciendo. Ojalá un día puedan contárselo al país y eso nos ayude a comprender silencios y complicidades que hoy no tienen ninguna explicación.
 
En la lista de aciertos no dudo en incluir nuestra separación del régimen cuando decidió tomarse el sistema judicial del país. Para nosotros, este constituía el giro definitivo hacia una apuesta anti democrática. El tiempo nos dio la razón. A pesar de los costos políticos y personales de una decisión difícil, a pesar de que la "racionalidad política" parece aconsejar el aferrarse al poder a toda costa, fuimos capaces de abandonarlo, marcar distancia y politizar nuestra salida. Nuestra separación tuvo motivos políticos, lo dijimos, lo defendimos y provocamos un debate sobre eso. Ni nos sacaron, ni nos pusieron en la congeladora como paso previo a reconocer los errores del gobierno. Y me siento orgullosa de formar parte de un colectivo que fue capaz de anteponer la coherencia y los principios a los privilegios del poder. No es común en política, así que quienes siguen de cerca la política nacional podrían tenerlo también en la memoria.  

lunes, 9 de marzo de 2015

Algunas reacciones al plan familia, abstinencia y valores que el gobierno ha anunciado como estrategia para educación sexual


De Juan Pablo Morales, publicado en Gkillcity 
http://www.gkillcity.com/articulos/la-vida-los-otros/el-plan-familia-ecuador-parece-escrito-el-psc

El Plan Familia Ecuador parece escrito por el PSC

"Las evidentes coincidencias en las concepciones detrás de la Ley del 98 y el Plan Familia invitan a cuestionarnos por qué insistir en una política que surgió del congreso de la partidocracia presidido por un representante socialcristiano, que se aplicó por casi trece años –incluyendo cuatro de la revolución ciudadana– y que en los resultados estadísticos demostró un total fracaso. La respuesta la veremos en unos años cuando se pueda medir el efecto concreto de volver al pasado. Mientras tanto podría incluirse como slogan del Plan Familia, “sexo con infinito amor”."


De Jorge León, publicado en El Comercio 

Sexo, familia, conservadurismo

No se le ocurra tener puro placer en la cama. Es irresponsable.
Antes Correa defendió el laicismo y, en diferencia con el Vaticano, los medios anticonceptivos; lo saludamos. Pero sirvió para promover ritos católicos como acción de gobierno, por ejemplo. Un contraste con su discurso inicial.

¿Cuál es su posición real? Hay cálculo circunstancial, puede tener dos o más discursos sin problema con la incoherencia. Sin embargo, hay ideas de fondo como sobre valores que revelan lo que el mismo dice, su conservadurismo. Tortuoso su camino de aficharse revolucionario para enraizar un arcaico conservadurismo. 

A cambio del programa Enipla de prevención de embarazos adolescentes llega el Plan Familia. El título lo dice todo. Claro que la familia es un núcleo de base decisivo en la sociedad; aunque no lo es para todos. Hemos insistido que el espacio para actuar es más amplio, el de la cohesión social que requiere atención para hacer del barrio, la unidad de base de la vida colectiva, un medio favorable para generar confianza y convivencia. Sin embargo, la familia que promueve Correa es el Caballo de Troya del ultraconservadurismo en la vida privada y en las generaciones venideras. 

Pues, Enipla ya hacía las justificaciones que ahora se invoca para defender el P. Familia: buscaba una “sexualidad sana y responsable”, “comportamientos sexualmente responsables”; “entornos escolares y familiares favorables a la protección”. No se olvidaba de la familia.

Pero para escándalo conservador “promovía los derechos sexuales y reproductivos”, por eso Correasalió de la sacristía con su discurso contra el hedonismo. ¿El placer? ¡Qué horror! Y su condena al Enipla es para promover la abstinencia, cuando en los hechos, por más que en los medios católicos conservadores se lo promueva y defienda, en el liberal mundo contemporáneo no da gran resultado. 

Al menos de debió insistir que la sexualidad es algo importante en la vida, una pulsión placentera que requiere responsabilidad, no solo porque puede estar de por medio la llegada de una vida humana, sino consigo mismo/a en la vida física, mental, emocional y afectiva. 

La abstinencia es una no política pública ante los embarazos adolescentes, enfermedades venéreas; un absurdo contra las pulsiones sensuales propias y una vida sana. 

Enipla también promovía valores, pero ahora el Ministerio de Educación promoverá otros para un control moralista en toda la familia; nuevo adoctrinamiento, con nuevo catecismo hecho plan escolar. Bajo el justificativo que el adolescente puede escoger se quiere justificar un orden próximo al Opus Dei; en cambio, habrá culpabilidad e insana vida sexual. 

El Opus Dei se vuelve revolucionario, ¿Un contrasentido? No, su sentido fue arrebatado por la restauración conservadora oficial. El laicismo retrocede másy una visión religiosa y puritana se camufla en discurso de Estado.