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miércoles, 11 de marzo de 2015

Nada de desmemoria

El análisis de José Hernández, publicado en su blog el 07 de febrero de 2015, es un buen pretexto para un debate fundamental de las izquierdas en el Ecuador: ¿de cuánto de lo que hoy sucede en el país somos responsables? ¿cuáles son las acciones -u omisiones- que nos trajeron hasta aquí? y ¿cuáles son los grandes aprendizajes de este periodo político del Ecuador?

No hablo por las izquierdas, a lo mucho por Ruptura, movimiento al que pertenezco y que fue parte de un acuerdo político con el gobierno en el periodo de convocatoria a la Asamblea Constituyente y hasta que Correa propuso "meterle las manos a la justicia". O, para ser más exacta (porque no hemos acordado el contenido de estas líneas con mis compañeros), hablo por mí, aunque ciertamente alimentada por las conversaciones y reflexiones que sobre este tema hemos tenido incluso antes de separarnos del gobierno.

Estoy dispuesta -y creo que nos debemos y le debemos al país- a una discusión pública sobre los errores que cometimos. Creo que la mayor parte de ellos fueron omisiones: no haber dicho que no a tiempo, o no haberlo dicho con suficiente firmeza. Otro error fue el haber mantenido a lo interno (del acuerdo, de la bancada, del movimiento) tantos debates que debieron haber sido públicos. La temprana imposición de un juego maniqueo (tampoco nuevo en la política nacional) y la supuesta necesidad de "no hacerle el juego a la derecha" consolidaron una lógica perversa hoy convertida en el sistema ´incondicional vs. enemigo´ con la que Rafael Correa ha dividido al país. 

¡Claro que cometimos errores!

Al mirar la Constitución lamento que no hayamos tenido la fuerza suficiente para moderar el hiper presidencialismo (de nuevo, en honor a la memoria tampoco invento nuestro ni del correísmo). En lo institucional el papel de los organismos electorales es otra vergüenza que nos hace extrañar los tribunales electorales del "pasado" que aunque no tenían independencia respondían a 5 o 7 fuerzas políticas distintas y no a una sola que hoy sabemos que es el peor de los mundos.

Aunque en su momento no fui la más entusiasta con la idea del Poder Ciudadano, confieso también que no alcancé a ver tanta debilidad desde la organización ciudadana, tanta complicidad desde quienes han tenido en sus manos la responsabilidad, y tanta falta de pudor de quienes han terminado por cooptar o poner en riesgo de desaparecer a las organizaciones ciudadanas y de sociedad civil que se suponían llamadas a este espacio.  La posibilidad de más y mejores mecanismos de participación parecía interesante, mi opinión sobre algunos sectores de la sociedad civil, su fuerza organizativa, su voluntad de resistirse al poder, ha cambiado en estos años.

En mi lista personal de errores, incluyo el no haber prestado más atención a queridos compañeros y compañeras que miraron lo que pasaba con más anticipación que el resto de nosotros. El confiar en que llegarían las correcciones, en que podríamos influir más las disputas internas, significó el alejamiento de valiosos compañeros políticos.

Aprendí a tener más desconfianza de los personalismos, pero también debo decir que nadie se convence a sí mismo de su papel de líder, de mesías, de conductor infalible, sin una serie de cómplices dispuestos al silencio y la complacencia. Nosotros no engrosamos nunca las filas de la adulación, aunque creo que las críticas debieron ser más firmes y llevadas al debate público. 

Me atormenta permanentemente la pregunta sobre la naturaleza humana y la naturaleza del poder. El acuerdo político con Rafael Correa incluyó -en términos generales y de principios- muchos de los puntos que luego se convirtieron en conflicto o sobre los cuales Rafael Correa cambió de opinión. Una buena parte de quienes conformaban PAIS venían de una tradición de defensa de los derechos humanos, construcción de movimientos sociales, la defensa de los pueblos indígenas, del feminismo, de la crítica al autoritarismo; esta conformación nos pareció garantía sobre el rumbo del gobierno. Hoy sorprende y duele la facilidad con que tantas personas han cambiado su postura al precio de olvidar sus luchas vitales y sus orígenes políticos.

Dicho esto, y sin pretender negar los errores ni evitar el debate; también creo que hay aciertos que en mucha medida podemos atribuirnos y que sobre esto también hay que evitar la desmemoria. Estoy segura que nuestra presencia en Montecristi fue la que -a pesar de todas las tensiones que nos costó- permitió poner en discusión temas como el carácter del Estado, la participación política de los jóvenes, la educación, el arte, la libertad estética, los derechos sexuales y reproductivos o el Estado laico;  las justicias (en plural, pues una de nuestras apuestas desde la izquierda era comprender que la discriminación y la injusticia tiene muchas más formas además de la lucha de clase).

No puedo dejar de decir que mientras nuestros compañeros eran parte de la conducción del Ministerio de la Política o el de Seguridad ningún participante en una protesta fue procesado penalmente o acusado de sabotaje o terrorismo. Porque creímos en el diálogo y no en el ataque, en la discusión abierta y no en las persecuciones ocultas, en la posibilidad de gobernar con firmeza sin abusar del poder estatal en contra de los ciudadanos.

En mis tareas como legisladora participé con responsabilidad en los temas de interés nacional; desde la red de seguridad del sistema financiero, educación, temas laborales y productivos.  Creí siempre en la necesidad de fiscalizar al poder y el intento de juicio político al ex Fiscal W. Pesántez representó uno de los momentos de mayor tensión entre el Legislativo y el Ejecutivo. En uno de los primeros intentos de amedrentamiento a la prensa a través de control de contenidos, cuando el CONARTEL sancionó a Teleamazonas, mantuve el debate y la acción -en lo que me correspondía como asambleísta- hasta la comparecencia del funcionario a cargo. Finalmente esa resolución fue revocada.

También en el debate en la Asamblea Nacional mantuve una postura muy clara sobre una ley de comunicación que garantice derechos y libertades y que bajo ningún concepto controle contenidos. Fui crítica también sobre lo irregular de su trámite e insistí en la necesidad de incluir en la ley la creación de directorios plurales para garantizar que los medios públicos sean públicos y no gubernamentales. Todas estas observaciones las hice mientras formaba parte de la bancada del Movimiento PAIS, con lo que implicaba el ser crítica públicamente con un proyecto tan sensible para el régimen.

No fuimos los únicos que creímos en que habían condiciones y voluntad para transformar el Ecuador en un país más justo y con oportunidades para todos. Durante mucho tiempo estuvimos seguros de que la disputa interna tenía sentido y los resultados valían la pena. Pensamos que a pesar de las diferencias y las dificultades se lograban pequeñas conquistas o podíamos evitar grandes errores. Muchos otros hicieron un esfuerzo similar en esa época y es probable que hoy lo sigan haciendo. Ojalá un día puedan contárselo al país y eso nos ayude a comprender silencios y complicidades que hoy no tienen ninguna explicación.
 
En la lista de aciertos no dudo en incluir nuestra separación del régimen cuando decidió tomarse el sistema judicial del país. Para nosotros, este constituía el giro definitivo hacia una apuesta anti democrática. El tiempo nos dio la razón. A pesar de los costos políticos y personales de una decisión difícil, a pesar de que la "racionalidad política" parece aconsejar el aferrarse al poder a toda costa, fuimos capaces de abandonarlo, marcar distancia y politizar nuestra salida. Nuestra separación tuvo motivos políticos, lo dijimos, lo defendimos y provocamos un debate sobre eso. Ni nos sacaron, ni nos pusieron en la congeladora como paso previo a reconocer los errores del gobierno. Y me siento orgullosa de formar parte de un colectivo que fue capaz de anteponer la coherencia y los principios a los privilegios del poder. No es común en política, así que quienes siguen de cerca la política nacional podrían tenerlo también en la memoria.  

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Valiente y clara como siempre, ahora la labor es llevar un mensaje con mas valentía y mas claridad para que el pueblo que es quien define las elecciones pueda tener claro lo que está sucediendo y sepa escoger mejor.

Julio Neira G. dijo...

Estimada María Paula, será que nos tomamos un café?... @NegritoNeira tenemos full por conversar

Anónimo dijo...

Hola María Paula! La vida misma es una caja de experimentos, y la vida política no es la excepción, por lo que no estamos ausentes de cometer errores. Todos los profesionales deben manejarse con los mas altos estándares de ética y moral, honestidad y profesionalismo ya que las equivocaciones en la arena política pueden ser devastadoras para un país y su sociedad. Yo también creí y trabajé para Correa, y creo que ha tenido muchos aciertos, sin embargo sus desaciertos son tan ambivalentes e irracionales que solo un pequeño grupo del poder puede darle la lógica que necesitan.

Creo que los seres humanos somos reflexivos por naturaleza, unos más que otros, unos más que Correa! Y sin embargo, DETESTARIA tener que leer las memorias de Correa desde Bélgica (ya me lo estoy imaginando) manifestando sus desaciertos y errores políticos. Haciendo un Mea Culpa. Para cuando los políticos se den cuenta o reflexionen sobre lo que pudieron haber hecho o no, ya habrán muertos y heridos en todo sentido, y será tarde. La ciudadania habrá caído nuevamente en la desesperanza de la clase política, lo cual será el peor costo que puede tener una nación.

Los políticos tienen una gran responsabilidad al dirigir el destino de millones de personas. Los errores sucederán y seguirán dándose, sin embargo el peor defecto que un líder político puede tener y al cual la ciudadania no estaremos en condiciones de aceptarlo será los desaciertos que vengan de sus vísceras e irracionalidad. Eso no lo podemos perdonar!