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domingo, 11 de noviembre de 2007

Nela Martínez

Publicado en Diario Hoy
07/05/2006
María Paula Romo


El Conamu realizó esta semana, en Cuenca, el lanzamiento de la autobiografía hablada de Nela Martínez. Conmueve la lectura de este relato de su vida, sus proyectos políticos y su coraje.
“Lo épico de las revoluciones estalla sobre el trabajo de hormiga de los encadenados a conciencia”, se leía en el prólogo de Los Guandos, novela escrita a cuatro manos: las de ella y las de Joaquín Gallegos Lara. Y claro que el trabajo más importante de Nela Martínez fue ese de la constancia y la conciencia: desde su poema “El Azote” hasta su carta de 2001 (cerca de los 90 años) llamando a la organización y la activación política en el Ecuador; la suya también fue la lucha desde las palabras.
En el título del primer número de esta serie Biografías de Mujeres Ecuatorianas: Yo siempre he sido Nela Martínez Espinosa se adivina la firmeza que caracterizó a esta cañareja que se ha convertido en referente para las mujeres de toda América Latina.
Su militancia en el Partido Comunista, la lucha contra el fascismo y el nazismo, la creación de organizaciones de mujeres y de trabajadores, su compromiso con el mundo indígena, sus días como ministra de Gobierno en La Gloriosa, su búsqueda y reivindicación de Manuela Sáenz –la insumisa, le decía-, la revista Nuestras Palabras, su trabajo en Guatemala y en Colombia, su papel en el Movimiento Mundial por la Paz; son todas pruebas de su apuesta por la vida y la libertad.
La lectura de su biografía impresiona y estremece por la sencillez con que relata hechos excepcionales, haciendo suponer que ella misma ignoraba lo enorme de su legado. Al asistir como la primera mujer diputada al Congreso Nacional, dijo Nela Martínez: “No me siento extraña en esta sala, porque este puesto lo han conquistado las mujeres de mi patria en todas las jornadas de la historia ecuatoriana. En la colonia, durante la independencia y en la República, miles de mujeres anónimas soñaron con una sociedad más humana y más justa, para sí mismas y para sus hijos”. Su presencia en la historia hace justicia con esas mujeres y sus sueños y nos seguirá recordando que la construcción de esa sociedad de justicia todavía está pendiente.
Al terminar la lectura, volvían a mi cabeza unas líneas de lo que Nela dice ahí acerca de Manuela Sáenz, pero que bien pueden aplicarse para ella misma: “[su vida] es para mí la parábola de la insumisa; insumisa aún después de la muerte, aquella que no admitirá ni siquiera los esquemas rígidos de los historiadores que la fragmentan, porque su fuerza vital supera a todos. Percibo que la vida le entabló batalla desde el primer momento. Y nunca le dio cuartel. Pero frente a todas las adversidades, ella encendió su apasionado fuego interior, y tuvo un solo norte para siempre”.