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domingo, 11 de noviembre de 2007

¿Por qué ‘Sí’?

Publicado en Diario Hoy
08/04/2007
María Paula Romo

Una vez conocidas las resoluciones del Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura, el camino hacia la consulta popular se mira despejado. Los próximos días se caracterizarán por las campañas alrededor del “Sí” o “No” a la consulta popular y, por lo tanto, a la instalación de una asamblea constituyente.

Más allá de la relación que tienen las consultas (que comúnmente se convierten en medidas de aceptación o no del presidente) esta es una decisión trascendental para la democracia ecuatoriana y tenemos la responsabilidad de sostener un debate de argumentos; sin fantasmas, sin prejuicios, sin generar expectativas desmedidas pero tampoco temores infundados.

Por eso me permitiré argumentar por qué votaré “Sí” en la próxima consulta popular y espero alimentar la discusión:

Porque no me preocupa el cambio; lo busco y lo anhelo. Me resulta imposible creer que con un poco de sensibilidad alguien sea capaz de sostener que en nuestro país las cosas deben mantenerse como están. Hay algunos que argumentan que otros países “civilizados” solo tienen una Constitución; si nosotros mantuviéramos la de 1830, solo podrían votar “los varones alfabetos, casados de cualquier edad o solteros mayores de 22 años, que tienen bienes raíces valoradas en 300 o más pesos o poseen una profesión no servil, médico, abogado, sacerdote)”. Y para ser candidato a cargos públicos el requisito sería “poseer bienes raíces de no menos de 30 000 pesos”.

Imagínense ustedes si, a nombre de la estabilidad y la permanencia de la Constitución, nos hubiéramos quedado con la de 1869 (la Carta Garciana) que le dio poderes casi dictatoriales al presidente, creó la pena de muerte para delitos políticos e impuso la religión católica no solo como la única permitida por el Estado sino como requisito para la ciudadanía. Qué orgullo el no tenerle miedo al cambio y haber llegado a la XI Constitución en 1897 (“Alfarista”) que deroga la pena de muerte, reconoce la libertad de cultos y la igualdad de los ciudadanos antes la Ley. Me alegra que hayamos tenido la Constitución de 1929 porque de lo contrario las mujeres no tendríamos derecho al sufragio. Hoy, como en otros momentos de la historia, estamos frente a la disyuntiva de ir o no a una asamblea constituyente que nos permita hacer mejoras frente a una realidad política; organizativa; institucional; insostenible. Es cierto que la asamblea no ofrece garantías; casi ninguna de las decisiones que tomamos en la vida lo hace. Pero lo cierto es que tratándose de una oportunidad de construir un Ecuador más justo, a la medida de todos y todas -no de un gobierno en particular- no podemos eludir el desafío.

El “Sí” representa entonces un sí a la esperanza y al derecho y al deber de construir nuestro futuro.