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domingo, 11 de noviembre de 2007

Duro con los problemas...

Publicado en Diario Hoy
01/04/2007
María Paula Romo

Duro con los problemas, suave con las personas”; es una máxima tan importante que hay una frase en latín para decirlo (no llegué a la época de las clases de latín). Pero momentos políticos como el actual hacen que la frase dé vueltas por mi cabeza. Desconocer que el país necesita transformarse es ceguera pura, o ilusión óptica creada cuando uno recorre las ciudades desde la urbanización cerrada en la que vive, hacia el edificio inteligente en el que trabaja y además va hacia allá en auto con vidrios polarizados.

Es un hecho que el Ecuador tiene problemas, el Estado no ha sido capaz de construir y mantener una institucionalidad que genere confianza; y el conflicto no empieza ni termina con la pugna del momento; es mucho más grave y estructural. ¿Cómo confiar por ejemplo en un sistema de administración de justicia en donde el 60% de quienes están privados de su libertad no tiene sentencia? ¿Cómo explicarse tanta desigualdad entre ricos y pobres? ¿Qué decir del sistema educativo o de salud y seguridad social? ¿Qué está pasando en un país en donde una de las tres principales causas de muerte de adolescentes y jóvenes es el suicidio?

No solo la estructura orgánica del Estado tiene problemas; la sociedad ecuatoriana los comparte. Vivimos una sociedad racista, sexista, homofóbica, intolerante, mojigata. Los datos sobre violencia intrafamiliar, abuso infantil, trata de personas, son alarmantes. El ejercicio de convertirnos en demócratas es mucho más complejo; significa luchar contra nosotros mismos y lo que hemos aprendido en la vida cotidiana. Sobran argumentos para explicar la gran expectativa, la exigencia de una transformación. Algunos sectores no se dan cuenta que para millones de ecuatorianos y ecuatorianas, “estabilidad” significa quedarnos como estamos y estamos muy mal. “Estabilidad” no le dice nada a aquel que necesita con urgencia transformar su realidad; está casi convertida en antónimo de esperanza. El debate no puede plantearse en términos de transformación versus estabilidad; reconozcamos la situación de nuestro país y apostemos por el cambio; debatamos seriamente sobre sus características; sin fantasmas, sin mitos, sin circo.

El Ecuador nos exige ser duros con sus problemas; radicales en la lucha contra la pobreza y la exclusión; intransigentes frente a la corrupción y la deshonestidad; pero ese mismo Ecuador nos demanda diferenciar entre los problemas y las personas. Una lectura maniquea de este escenario no ayuda en nada. Sin temor a la confrontación -muchas veces es necesaria- pero a confrontar con firmeza problemas en lugar de llenar de adjetivos a las personas. Y esta reflexión se aplica para todos, sino revisemos nuestros “aportes” al debate en estos 100 días.