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domingo, 11 de noviembre de 2007

"Dejen nomás"

Publicado en Diario Hoy
08/01/2006
María Paula Romo


La Constitución del Ecuador es especialmente progresista en materia de derechos. Reconoce al Ecuador como un Estado pluricultural y multiétnico -garantizando derechos a los pueblos indígenas y afro descendientes-; otorga la condición de ciudadanos a niños y niñas; reconoce el derecho a la libre opción sexual como un derecho humano, e incorpora importantes nociones de equidad de género. Esas conquistas deben mantenerse y protegerse. Sin embargo, en cuanto al diseño institucional, la Constitución ecuatoriana se ha mostrado ineficiente e incapaz de generar la "gobernabilidad" que supuestamente motivó su redacción.
Y es que creer que la "gobernabilidad" es el objetivo es un error. El objetivo del sistema político debe, debería, ser la democracia, la participación y la lucha contra la pobreza y cualquier forma de exclusión. El sistema político vigente en el Ecuador no está creado para eso. Nuestras instituciones están diseñadas para mantener el status quo, para proteger los estancos de ciertos grupos y para que el chantaje sea la más efectiva forma de relación política. Cambiar esas reglas de juego no asegura que los problemas concretos del Ecuador se resuelvan de la noche a la mañana, pero trazar la cancha del juego político y asegurar que el poder tenga límites, es la única forma de empezar a resolverlos.
Ojalá esas reformas imprescindibles pudieran hacerse a través de las vías convencionales, ocupando el menor tiempo y recursos posibles. Pero en el Ecuador de hoy eso no se puede. Quienes manejan los espacios de poder formal, y estarían facultados a realizar muchos de los cambios, no están dispuestos a hacerlo. No están interesados en cambiar un sistema que han aprendido a controlar, están cómodos en él. Por eso la urgencia de una Asamblea Constituyente y por eso la necesidad de conformarla de manera distinta.
Por eso no queremos cualquier Constituyente; no queremos una Asamblea hecha a su medida, sin estar acompañada y seguida por un proceso popular, incluyente, capaz de reflejar una agenda política y económica de solidaridad y justicia. Y también por eso el intento de año nuevo del presidente Palacio solo nos deja una respuesta: “dejen nomás”. “Deje nomás”, señor presidente (o asesor, ministro, ayudante, asistente que haya ideado la propuesta), no vuelva por estos intentos.
Queremos una Asamblea Constituyente que cree condiciones que hagan posible la construcción de un Ecuador distinto, pero por favor no la utilicen como pretexto para esconder su incapacidad política. Necesitamos reformas profundas y una ingeniería de instituciones modernas, democráticas y transparentes; disparates jurídicos como el de esta semana no lo lograrán. ¿Renunciamos a la Constituyente?: No, en lo absoluto. Pero la urgencia no hará que olvidemos sus verdaderos objetivos.