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domingo, 11 de noviembre de 2007

Mirarnos al espejo

Publicado en Diario Hoy
20/11/2005
María Paula Romo


Uno de los desafíos para el Ecuador y los ecuatorianos es el descubrir lo que somos, es mirarnos hacia adentro y comprender qué nos caracteriza, cómo actuamos, de dónde venimos (una historia que necesita verdades y reconciliaciones más allá de mitos y héroes). Esta necesidad de descubrirnos, de mirarnos -a nosotros mismos y entre nosotros y nosotras- no es un fin en sí mismo; debe convertirse en una oportunidad para reinventarnos; para construir a partir de esa mirada una/s identidad/es, unos puntos de encuentro y un proyecto de país que tanta falta nos hace.
A pesar de eso, los espejos nos asustan, siempre es más fácil mirar a los otros y juzgarlos o copiarlos (se aplica tanto para las personas como para los modelos institucionales, ¿o no?). Estas últimas semanas nos han dado una lección sobre el tema: la discusión sobre la agresión de la que fue víctima un adolescente por un grupo de sus compañeros de colegio y la forma en que el tema ha sido planteado.
Mientras hablamos y debatimos sobre democracia en términos institucionales, ¿hemos cuestionado una lógica de ‘autoridad’ que reprime y vigila en lugar de pensar en un sistema de convivencia y respeto que enseñe disciplina y autocontrol?
¿Acaso hemos discutido sobre el hecho de que nos falta -como sociedad- autoridad moral para decir que hay reglas y que se respetan, o para anunciar como valores la igualdad y la justicia?
¿Es la nuestra una sociedad en que podamos hablar de racionalidad y respeto al otro? Una sola sesión del Congreso nos serviría de respuesta. Un capítulo de esta naturaleza no puede ni debe ser comprendido como una falta que produjo la expulsión de un grupo de chicos. Es sin duda un llamado de atención para todos y todas.
Nos escandaliza el hecho de que un grupo de chicos golpee a otro (y afirmo que es escandaloso), pero permanecemos inmutables mientras niños y adolescentes ‘juegan’ a la violencia desde el mismo momento en que pueden sostener armas de juguete; o les alentamos a probar su "hombría" a garrotazos.
Al transmitirnos video y representación, o al comentar sintiéndose jueces absolutos, ¿se preguntaron los medios de comunicación si planteaban el debate público de la forma correcta? o ¿solo les llamó la atención un poco de morbo que les permitiera competir con El Extra?
Lo sucedido es un hecho reprochable y merecía una sanción firme y proporcional; todos debemos aprender a vivir las consecuencias de nuestros errores y aciertos, pero ojalá -como sociedad- tengamos el valor de mirarnos en el espejo, de explorar los temas profundos en lugar de condenar los síntomas. No vamos ahora a volver a encender las hogueras de la inquisición, no podemos escoger un chivo expiatorio: que pague él solo las culpas de todos y que sea el pretexto ideal para distraer nuestras miradas de los espejos.